Sin duda, el culebrón del verano está siendo el caso de Luka Modric. El jugador croata se ha declarado en rebeldía con su club, el Tottenham Hotspur, y parece más que probable que recale en el Real Madrid en los próximos días. Hay que ver lo que han tardado en la Casa Blanca en olvidarse de Neymar y Lucas Moura, cuando meses atrás parecían el estandarte del futuro del Madrid. Así pues, Florentino Pérez encara su enésimo fichaje galáctico aunque es evidente que el perfil del balcánico es distinto a otros casos...
No es el primer jugador de la historia en declararse en rebeldía con su club. De hecho, tenemos a varios casos análogos como Claude Makélelé allá por el verano de 2003 a causa de una tentativa del Madrid en mejorarle el contrato y Robinho en 2008, dispuesto a convertirse en el mejor jugador del mundo mediante sus manifiestos deseos de desembarcar en el Chelsea. Al final, su destino sería el Manchester City. Se nota un cambio de tendencia. Cuando Floren alza el talonario, hasta los pilares del Coliseo de Roma se colapsan oprimidos por tanta fuerza.
La casuística que engloba a Luka Modric es diametralmente opuesta a los citados casos y mediáticos fichajes como lo fueron Cristiano Ronaldo, Benzema o Mourinho. Pese a ser uno de los jugadores más talentosos de Europa del este, el ránking de Modric dista bastante con el status de estrella. Tras una más que discreta Eurocopa, en la que quizá se le recuerde por su partido ante España, la cara del jugador suena más cercana aunque sólo sea por su sospechoso parecido físico al maestro Johan Cruyff. Apuesto a que el año pasado pocos se acordaban de la existencia de Modric...
¿Estrella de futuro? Esas palabras me suenan familiares. ¡Ah, ahora caigo! Fue lo que se dijo con Nuri Sahin la campaña pasada y no es precisamente que haya triunfado. Simplemente, es que no ha jugado. Hasta Carvalho ha tenido más participación. Algo así como la mayoría de auténticos diamantes en bruto de la cantera que despuntan en el primer equipo. A las pruebas me remito. El último de ellos, Carvajal, abandonó la disciplina blanca para enrolarse en las filas del Bayer Leverkusen. Si alguien dice que Modric es el crack de los años venideros del Madrid, espero que ese alguien no sea el mismo que fichó a Altintop.
Lo único claro de toda la actualidad que otea sobre el horizonte del Real Madrid es, indudablemente, lo exaltado que será este mercado veraniego. Uno de los casos estrella es Kaká. La eterna promesa tras la cual el Madrid emprendió un viaje de varios años llegó como incorporación Top de Florentino Pérez y acabaría estrellándose. Con más fines electorales y tendenciosos que estrictamente deportivos, su rendimiento ni de lejos se aproxima al mostrado en Milán. Supuestamente, no cuenta para Mourinho. En cualquier caso, la salida del canarinho será complicada, dado que fue un fichaje avalado personalmente por el Tito Floren. Esto es como el INEM, habrá cola para rato...
Por otro lado, Kaká necesita minutos para hacerse un hueco en su selección de cara al próximo Mundial de Brasil 2014. Habrá que preparar las palomitas, porque fijo que el caso será duradero, desdichado y doloroso. Es época de cambio en el Real Madrid. Tras el partido en Oviedo, ¿Apostará Mourinho por la cantera? Algo me dice que no. En tal caso, que nadie se atreva a decir que la cantera del Madrid no tiene nada que envidiarle a la del Barcelona, a no ser, claro está, que busque un hueco en el Club de la Comedia...
Tras un largo período de aletargo, abrimos de nuevo la sección ¿Qué fue de...? para rendir un merecido homenaje a esos jugadores que pasaron con más que gloria por el fútbol. Hoy hacemos alusión a uno recordado efímeramente por la afición del Real Madrid y cuyos cromos seguro que yacen bajo una fina capa de polvo. Nos referimos a Carlos Alberto Oliveira Secretário, más conocido como, Secretário.
Militó en Oporto de 1993 a 1996, equipo en el que mostró un rendimiento que captó la atención del Real Madrid. Tras la conquista del doblete del Atlético de Madrid, allá por 1996, el Real Madrid, fiel a su estilo, emprendió una política para volver a conseguir la hegemonía capitalina y, para ello, el presidente Lorenzo Sanz, fichó a un consagrado entrenador, Fabio Capello, hizo una masiva limpieza en el vestuario y contrató a jugadores como Roberto Carlos, Pedja Mijatovic, Davor Suker y Clarence Seedorf, amén del poco memorable jugador luso: Carlos Secretário.
Se trataba de un buen lateral derecho que había sembrado la ilusión del fútbol portugués. Jugador con versatilidad, atrasó su posición de centrocampista para colocarse como lateral derecho, lo que le daba un buen abanico ofensivo a Secretário. El Barça también mostró interés pero el jugador prefirió desembarcar en el Santiago Bernabéu. Lo que el luso ignoraba es que sobre él recaía la ardua tarea de reemplazar al mítico Chendo...
Secretário jugó 13 partidos con la camiseta madridista. Se mostró como un jugador con poca técnica, agresivo en el juego, con mala colocación, preocupantemente inseguro y con un rendimiento olvidable. Tanto es así que en el mercado invernal de la 1996/1997 el Madrid ficha a Christian Panucci, también lateral derecho, con lo que el jugador luso advierte que su futuro en el fútbol está lejos del Real Madrid. La parroquia blanca no tardó muchos partidos en desesperarse con el revolucionario lateral portugués. Volvió a Oporto y estuvo a las órdenes de José Mourinho, con quien sí tuvo un gran rendimiento y ganó nada menos que 4 Ligas Portuguesas (1998, 1999, 2003 y 2004), 4 Copas de Portugal (1998, 2000, 2001 y 2003) 4 Supercopas de Portugal (1998, 1999, 2001 y 2003), una Copa de la UEFA (2003) y una Copa de Europa (2004).
Su dorsal, el 22, sería heredado por Christian Karembeu la temporada siguiente. El Real Madrid, por su parte, quiso justificar la insostenible situación alegando que el jugador aún no estaba adaptado y que volver a ver al futbolista que había enamorado en Portugal era sólo cuestión de tiempo. No en vano, Secretário participó en dos Eurocopas (Inglaterra 1996 y Bélgica-Holanda 2000). Acabó muy descontento en la capital y llegó a declarar: Estoy triste. Me siento mal. Son momentos difíciles para mí. Creo que se me ha tratado injustamente. La prensa la tomó conmigo desde que llegué y la afición adoptó sus tesis para ir contra mí. Todo el mundo ha sido muy duro conmigo.
Carlos Secretário ostenta el récord de ser el primer jugador portugués en la historia del Real Madrid (le seguirían Figo, Pepe y Cristiano Ronaldo). Hay rumores de que en el Barça muchos aficionados aún le agradecen a Vítor Baia, que había fichado ese año por los azulgranas, que tardara en llamar a Secretário para que fichara por el Barça y se decidiera por irse al Real Madrid.
Fuente: El fichaje estrellado: Carlos Secretário, Página Mercafútbol.com y Catacracks: Carlos Secretário.
En una España cafeinada por la agitada actualidad y el endémico paro, parece que el fútbol es lo único capaz de esbozarle una sonrisa al pueblo español. Las elevadas temperaturas estivales pasan inadvertidas con las consignas nacionales y un narcótico ambiente de felicidad nos sumerge en una sensación etérea. Como un ritual sacrosanto, acudo a un local cercano a mi casa para ver la gran final, precisamente el mismo sitio en el que vi la final de Johannesburgo, dos años atrás. Faltan escasos minutos para el comienzo del partido y estoy misteriosamente tranquilo...
De este modo, se abren de par en par las puertas de la final contra Italia, un equipo desconocido pese a habernos encontrado con ellos en nuestro partido inaugural de la Eurocopa. La exhibición de la azurra frente a la todopoderosa Alemania en semifinales, con doblete de Mario Balotelli, dejaba claro que no sería una final fácil, o al menos eso pensábamos todos. Doblegar a Italia con una diferencia abrumadora de goles es una tarea airada y, en absoluto, sencilla. No obstante, los primeros compases de partido colocaban a España como dominadora indiscutible del partido.
Desde el primer momento, la presión de España fue desoxigenando a Italia. A La Roja se le ha acusado durante gran parte de esta Eurocopa la poca profundidad y velocidad impresas en su juego. Estos minutos iniciales desmoronaron, cual castillos de naipes, todas esas habladurías carente de fundamento. De entre los nuestros, emergía un crecido Andrés Iniesta, mejor jugador de la Eurocopa, inmenso que eliminaba a su paso cualquier rastro de jugador italiano. Era como si todos se apartaran para no entorpecer el camino a Don Andrés.
Y de esta guisa, la primera ocasión del partido fue protagonizada por Xavi Hernández que conectó un potente disparo que superó el travesaño de Gianluigi Buffon. El de Tarrasa ha encontrado su sitio en la final, tras una Eurocopa en la que, no exento de peligro y calidad, no ha brillado en comparación al Mundial y Eurocopa anteriores. Precisamente, de las botas de Xavi salió el primero de la noche. Pase para Cesc, que aguanta el balón en la línea de fondo para sacarse de la manga un inverosímil centro que encuentra a David Silva que cabecea al fondo de las mallas.
Italia no encontraría su sitio en el campo. La superioridad futbolística entre líneas de España y el despliegue de calidad de La Roja encerraba a Italia en su campo. Por su parte, las pocas ocasiones de las que dispuso la azurra serían mermadas por un enorme Íker Casillas, nuestro Santo, que solventaba con facilidad las amenazas a su portería. Las líneas de juego de Italia distaban mucho entre sí. Un Pirlo desaparecido en combate ejercía una preocupante desconexión con la delantera formada por Cassano, más atrasado y escorado en banda, con Balotelli.
El comienzo de partido para Italia no pudo ser mas nefasto. Chiellini abandonó el terreno de juego por lesión y, en su lugar, ingresó Balzaretti mientras el juego de los transalpinos seguía haciendo aguas. La final tenía un ritmo pausado y relajado. Los espacios en el centro del campo se ensancharían para permitir a España practicar su juego combinativo que arrollaría a Italia, sometíéndolos a un rondo del que no saldría victorioso. Dada la presión asfixiante de España, las líneas defensivas de la azurra permanecían muy atoradas. Xavi presionaría con frecuencia a Pirlo, situado entre los dos centrales Bonucci y Barzagli, para atormentar la salida de balón de los italianos. Esto obligaría a Abate, lateral derecho, estar mucho más activo por banda.
En el ecuador de la primera parte, Italia tendría sus más peligrosas actuaciones, casi todas ellas derivadas de acciones de Pirlo. Sin embargo, un rombo formado por Xabi Alonso, Busquets, Iniesta y Xavi encontraría a un emergente Jordi Alba y Cesc Fàbregas que sembrarían la impotencia en el seno de Italia. Arrebatarle el balón a La Roja se había convertido en misión imposible. En una de estas, a las puertas del descanso, una acción de Jordi Alba, flamante nuevo fichaje del Barça y revalorizado tras la Eurocopa, encontró a Xavi Hernández que se sirvió de un sutil y preciso pase en profundidad entre líneas que dejaba a Alba solo ante Buffon. No se lo pensó dos veces. Era el minuto psicológico. Golazo de España. Prácticamente, era la sentencia que dejaba a Italia con pocas posibilidades de acariciar la plateada ánfora europea.
En la segunda parte, entrarían otros estandartes fundamentales en la selección. El cambio más evidente era el de Fernando Torres por Cesc Fàbregas. También entraron Pedro por Silva y Juan Mata por Iniesta. Xavi declaró recientemente que no había sido determinante durante esta Eurocopapero no dijo nada sobre la final. En efecto, de sus botas salió el tercero de la noche, obra de Fernando Torres. El Niño es el primer jugador que marca en dos finales consecutivas y rubrica una temporada en la que también ganó la Champions con el Chelsea. Era la realidad. En el Olímpico de Kiev había sucedido una desgracia futbolística para Italia que sería aderezada con otro gol, esta vez, de Mata a pase de Torres tras una jugada iniciada por Sergio Busquets. La segunda parte se sucedió con un arrebatador juego de España en el que perecería Italia. Las críticas a esta filosofía innegociable han caído secas como la hojarasca. Es el estilo que domina el fútbol mundial y verter opiniones críticas sobre ello es reconocer el poco criterio futbolístico. También fue una noche de récords. España logra un triplete que nadie ha conseguido en la historia del fútbol, gana dos Eurocopas consecutivas que tampoco nadie hizo jamás, empata con Alemania como selección con más entorchados (3 en total: 1964, 2008 y 2012) y, por si fuera poco, Vicente del Bosque iguala a Helmut Schon como únicos técnicos que han ganado Mundial y Eurocopa. Soprendente.
España vapuleó a la azurra en una mágica noche en Kiev que los italianos tardarán muchos años en olvidar. Esta victoria supone la devastadora tercera parte de una inédita trilogía que ya forma parte de la historia. El pitido final del colegiado portugués Proença supuso el inicio de una fiesta a la que ya estamos felizmente acostumbrados. Por otro lado, no cabe duda de que este equipo conserva unos valores humanos trascendentales. Fueron especialmente emotivos los gestos de Pepe Reina y de Cesc Fàbregas que se enfundaron en camisetas memoriales con los nombres de Antonio Puerta, Dani Jarque y los más recientemente fallecidos Manolo Preciado y Miki Roqué. Esta victoria va dedicada a ellos que a buen seguro han presenciado a España consagrarse como un equipo eterno. La Roja ya tiene un puesto en la leyenda inmortal en el firmamento futbolístico. Es un honor que el fútbol le dibuje una sonrisa a un pueblo oprimido y preocupado como el nuestro. No había dos sin tres. Nos vemos en Brasil 2014. ¡La saga continúa!
España superó en un cómodo encuentro a Italia por 4-0 con goles de Silva, Alba, Torres y Mata. Supone el triunfo de una filosofía y de una generación de jugadores únicos.
Se cumplen exactamente cuatro años de la consecución de la Eurocopa de Austria y Suiza en 2008. Aquella gloriosa noche en el Práter significó el comienzo de una generación dorada. Un sutil gol de Torres a pase de Xavi Hernández rompía en añicos el ostracismo al que España se había visto relegada durante un largo letargo de más de 40 años. Nada mejor que repetir el triunfo de otrora en Viena para celebrar aquella gesta.
A decir verdad, el juego de España ha sido muy intermitente en esta Eurocopa y poco exuberante como sí lo fue otras ocasiones. El primer partido ante Italia, como una final anticipada, dejó la sensación de que el equipo podría haber hecho mucho más si el partido se hubiera estirado varios minutos más. La polémica de Cesc Fàbregas y la idea revolucionaria del falso 9 dejó al de Arenys de Mar sentado en el banquillo para el partido ante Irlanda en el que Fernando Torres cerró bocas para firmar dos bellos tantos y Silva sembró su magia. Para concluir la primera fase, con Croacia se sufrió más de lo previamente establecido y, mediante un dubitativo juego con poca profundidad, Jesús Navas marcó un agónico gol que dejaba a España primera del grupo C.
De este modo, esquivamos a Inglaterra pero tuvimos que medirnos ante una siempre férrea selección de Francia. Era un partido para saldar cuentas con el pasado. La demoledora estadística de España nunca le ha ganado a Francia en partido oficial no fue más que una motivación añadida para superar fehacientemente a un desdibujado conjunto galo que ya no conservaba los galones de antaño. Xabi Alonso se consagró como el maestro de ceremonias del Donbass Arena en Donetsk.. Firmó un potente testarazo que no hizo más que ahogar a Francia entre el juego asociativo y combinativo de España. Ni el doble lateral derecho galo (Réveillère-Debuchy) pudieron frenar las acometidas de un agigantado Jordi Alba. El electricista Pedro Rodríguez se encargó de hacer trizas la cadera de Adil Rami y causó estragos en la recta final de partido. Sería también Alonso, de penalti en el descuento, quien mandaría a Francia a su casa para mandar a España a su cuarta semifinal consecutiva en los últimos cuatro años. Algo inédito.
En semifinales nos esperaría la siempre temible Portugal. Una selección lusa en la que figuran viejos conocidos de la afición madridista como Cristiano Ronaldo, Pepe y Coentrao protagonizó un encuentro en el que se hacía difícil establecer un dominador. CR7 no tenía su día. España no terminaba de finalizar las jugadas. La presión portuguesa era asfixiante y el centro del campo de España estaba muy congestionado. Así, se abrían de par en par las puertas de la prórroga en la que La Roja comenzó a parecerse a la selección que nos hizo campeones de Europa y del Mundo. No obstante, no fue suficiente. Nos aguardaban los penaltis.
En concreto, la lotería de los penaltis. En este maravilloso deporte, la suerte juega ese 50% que no obedece a términos racionales ni aparece en pizarras monitoras del juego. Obviamente, la suerte hay que buscarla y tener bajo palos al mejor portero del mundo, Íker Casillas, y unos jugadores de ensueño, facilita con creces la tarea. Xabi Alonso, héroe contra Francia, falló el primero. El Santo apareció en el momento y le detuvo el penalti a Moutinho. Iniesta con la clase que atesora firmó el segundo, aunque Sara Carbonero no lo viera y Pepe acertó.
Piqué demostró que para jugar en España y en el Barça hay que ser bueno en cualquier posición. Para ser central, no optó por un disparo potente y solventó su lanzamiento con gran entereza. Nani no falló y metió un bonito tanto. El destino le tenía reservado a Ramos una jugada análoga a la del penalti errado ante el Bayern de Múnich. Se resarció de aquella fatídica noche firmando un gol a lo Panenka. El de Camas se armó de toda la sangre fría existente en el universo para ejecutar así el penalti, como hiciera Pirlo días atrás en la tanda ante Inglaterra. Además, Ramos fue elegido el mejor jugador del partido. Bruno Alves, por su parte, estrelló su lanzamiento en el larguero y, de nuevo, Cesc tenía en sus botas el pase de España. A modo de paralelismo emocional ante Italia en Viena hace cuatro años, le dio un derechazo al nerviosismo y volvió a marcar. ¡Volvemos a estar en la gran final!
En la final nos espera precisamente la selección de Italia, con quien ya nos enfrentamos en la fase de grupos. El equipo transalpino no conserva, ni por asomo, su pragmática filosofía del catenaccio. Nada más lejos de la realidad. Se trata de un atractivo bloque que lleva la iniciativa del partido y cuyo juego se basa en la figura incuestionable de Andrea Pirlo. En mi opinión, el jugador de la Juventus es, junto a Andrés Iniesta, el mejor jugador de la Eurocopa. Un punto importante en la escuadra azurra es la formidable delantera formada por Balotelli y Cassano con Di Natale y Giovinco como sustitutos de lujo.
Por su parte, España se encuentra a las puertas de hacer historia. En estos momentos, La Roja empata con Alemania Federal que ganó la Eurocopa de 1972, el Mundial de 1974 y fue finalista en la Eurocopa de 1976 en la que Panenka, con su particular penalti, le dio el triunfo a la extinta selección de Checoslovaquia. Curiosamente, en Polonia y Ucrania 2012 se ha revivido de un modo especial el mítico penalti de Panenka y por partida doble. Hubo quien dijo que Las finales son para ganarlas. Nunca se recuerda al subcampeón, sino que desaparece en las brumas del olvido. Pase lo que pase, pasarán muchos años para que alguna selección se atreva a igualar los éxitos recientes de España.
Italia acudió a esta a Eurocopa enturbiada por unas especulaciones sobre fraude deportivo en la Federación. Algo así ocurrió en 2006 con el famoso escándalo Moggigate e Italia se proclamó campeona del mundo ese año. Dicho sea de paso, el conjunto transalpino lleva doce años sin acudir a una final de Eurocopa cuando perdiera con Francia en 2000 con el inefable gol de oro de David Trezeguet y sólo ha ganado una Eurocopa. Fue en 1968, época en la que el catenaccio aburría al mundo con su especulativo fútbol. Estamos ante una irreconocible Italia que apuesta por el fútbol y eso es mérito de tener jugadores de la categoría de Andrea Pirlo. En cualquier caso, esta inédita final entre dos grandes de Europa a buen seguro pasará a la historia. ¡No hay dos sin tres!
El Santo en la tanda de penaltis y Cesc, autor del lanzamiento definitivo, celebran el pase a la final de Kiev. ¡Ya somos leyenda!