Hace tiempo que no me leen por aquí. Pero hoy, 19 de julio de 2026, la ocasión lo merece. Recuerdo cómo comencé la primera entrada de este blog, allá por julio de 2010: Era algo obligado. Y así fue. Hoy, dieciséis años después del Mundial logrado por España en Sudáfrica con el indeleble gol de Andrés Iniesta, recupero esa frase con el mismo espíritu de aquellas lejanas primeras líneas.
España y Argentina se verán las caras en Nueva York por el título de campeón del mundo. Es, para muchos, la final soñada, la anhelada finalissima que el destino nos reservó y que dos colosos del fútbol mundial protagonizarán en un escenario de ensueño. Todas las miradas del planeta estarán puestas en la capital del mundo para presenciar el choque entre dos escuelas diferentes de concebir el deporte más universal del mundo, el duelo entre el talento individual frente a la calidad coral y el colofón a una retahíla de serendipias y paralelismos con el Mundial de 2010 que servirá de epílogo a una fotografía de hace casi veinte años que no hubiera firmado ni el mejor guionista de Hollywood.
No será un partido fácil. La selección albiceleste, actual campeona del mundo y última vencedora de las dos últimas ediciones de la Copa América, se lo pondrá muy difícil a una España, también ganadora continental, que llega a la final tras haber ido de menos a más en un torneo donde comenzó con dudas ante Cabo Verde y encarriló una serie de victorias que terminaron anulando por completo a una Francia que, con Mbappé, Dembelé, Olise y Doué, se estaba consagrando como el mejor equipo del Mundial. Por su parte, Argentina encara su séptima final después de haber dejado por el camino de forma agónica y heroica a Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra, con garra, corazón y con la calidad de un jugador eterno como Leo Messi.
La clave para que los hombres de Luis de la Fuente levanten esta noche al cielo de Nueva York la segunda Copa del Mundo de España pasa por defender con el balón, practicar el fútbol que los ha llevado hasta aquí, no caer en la ansiedad que un partido de estas características puede generar y, por supuesto, intentar detener al astro argentino.
El destino ha dictado que Lamine Yamal y Leo Messi, presente y futuro, se vean por primera vez las caras en el partido de todos los tiempos. Con independencia de quien gane esta noche en el estadio MetLife, ya hay un claro vencedor: todos los amantes de este maravilloso deporte. Recordaremos para la posteridad este encuentro, el mayor acontecimiento deportivo jamás concebido, con toda la liturgia inherente a una final. Del mismo modo que en 2010, nunca olvidaremos con quién lo vimos, las sensaciones previas y, ojalá, con la misma felicidad que hace dieciséis años en Johannesburgo.
¡Vamos, España! ¡A por la segunda estrella!



