18 de junio de 2011

El dinero y la separación de los valores


El viernes de la semana anterior cuando venía de jugar al fútbol, me sorprendió un cartel que encontré en la puerta de un bar cercano a mi casa. Atraído por la foto y título que mostraba, me acerqué a inspeccionarlo. Pude leer cómo se trataba de un partido homenaje a nuestro tristemente desaparecido amigo Luis allá por el mes de noviembre que, si no recordais mal, mencioné en este blog. La leyenda del folleto, Partido homenaje a Luis El Pirula y una secuencia de fotos de su etapa de jugador en el arcaico Rastro, no dejaba lugar para ambigüedades.

La fecha pensada para el encuentro con los veteranos del equipo era, en teoría, el día siguiente. El horario estaba realmente muy bien pensado por alguna brillante mente: las doce del mediodía en pleno mes de junio. Después de unos cuantos menesteres, acudí como espectador al encuentro que figuraba como obligatorio en mi agenda. 

Por suerte, el recinto habilitado para el mismo era nada menos que El Huevo, una pista de furbito abierta un año atrás enfrente de mi casa. Hubiera sido un hecho sacrílego no haber asistido dadas al cercanía y el entrañable recuerdo que me profesaba mi amigo que ni mucho menos había caído en las brumas del olvido.

Con el sol de lleno en este oasis de penumbra, hice acto de presencia en el partido de homenaje con una irreverente puntualidad inglesa. Poco a poco, fueron llegando personas del barrio y demás conocidos del protagonista indiscutible de la jornada. Cabe destacar que la veteranía era un factor bastante común allí puesto que muchos de los presentes habían compartido vestuario con nuestro amigo en sus años mozos. A modo de paralelismo emocional, la situación se tornó etérea cuando, entre tantas canosas azoteas, se esbozaba la figura del pequeño nieto de casi un año de edad de nuestro amigo, de la mano de su madre.

Los caciques, perdón, los encargados de tal señalado acto le dedicaron una placa homenaje a su hija. Aunque resulte extraño, no recuerdo nada de la ceremonia de entrega porque el acto fue tan excesivamente corto que ni sacaron la insignia de la caja. Al poco, se sucedió el rutinario minuto de silencio que, en este particular, quizá debería llamarse siete segundos y medio de silencio. No hace falta que explique los motivos, ¿Verdad?

La organización del encuentro, propia de un elaborado guión de Hollywood, fue tan abrumadora que, en un momento dado, todos los jugadores presentes saltaron al terreno de juego con la misma equipación mientras la pegajosa calor sevillana les achicharraba sus cabezas. Además, pude contabilizar en una ocasión cómo cada equipo estaba formado por la friolera de siete jugadores. Inédito.

Con tanto tipo vestido de igual forma, eso parecía un desfile de Antonio Miró pero, obviamente, con una clase estratosféricamente superior. La cosa llegó a un punto en el que todos los tipos iban vestidos con la camiseta naranja del Real Betis de la temporada 2010/2011 en honor al efervescente beticismo de nuestro inolvidable amigo.

La verdad sea dicha, parecí encontrarme en un frondoso campo de tulipanes holandés. Con muy buen criterio, una de las pocas ideas buenas de esa calurosa mañana consistió en que un equipo se colocara un distintivo peto verde que no fuera susceptible de confusión. Y de esta guisa, comenzó el partido. Sin patrocinadores de por medio ni ninguna sala de prensa con piques entre Mourinho y Guardiola, el silbato inicial, si es que lo hubo, no simbolizó mas que poner fin a unos preámbulos y preparativos olvidables.

Las cosas como son, sí pudre disfrutar de un buen partido. La joven veteranía de muchos no significó que no lo hicieran realmente bien. De hecho, creo recordar un partido contra la pobreza en el Sánchez Pizjuán en el que Davor Suker, jugador de élite, dió un divertido culazo en el césped y mostró una cervecera tripa. A decir verdad, los jugadores allí presentes, mayores en edad que el croata, mostraron un estado de forma físico típico de cualquier sexagenario pero más regular de lo que previamente llegué a imaginar.

Los más jóvenes encontraban el balón con mucha facilidad y marcaban buenos goles en tanto que los más veteranos resistían menos con el ingrediente extra de la calor. Voy a escapar de analizar tácticamente el partido, básicamente, porque fue un partido de barrio y no hay mucho nivel de detalle. Pero hubo un hecho extrafutbolístico que me hizo sospechar que ahí había gato encerrado...

Mientras esos tipos que combinaban tan mal los colores verde y naranja corrían de un lado para otro y lanzaban balonazos al infinito, pude divisar a lo lejos algo que se asemejaba a un tanque de cerveza. Efectivamente, no me equivoqué y me acerqué a preguntar sí serían tan amables de servirme una. El encargado del ambigú me contestó con un enlatado tono que estaban reservadas para el término del partido por lo que debía esperar. Al mismo tiempo, un colega de ese cacique, perdón, encargado se refrescaba el paladar con una refrescante rubia.

Tras sopesar la situación, decidí no darle importancia y seguir viendo el partido que era realmente por lo que había ido allí. La calor que imperaba en el lugar se multiplicó por mil cuando la chicharra emprendió su canto. Al poco, un esclavo confinado a labores de mantenimiento me trató de persuadir para que echase una mano con no sé cual paellera con una incisiva socarronería de la que no conozco precedente. Por suerte, mi astucia me echó una terapéutica mano y me escondí entre los observadores que visionaban ese partidazo.

Lo que en un principio parecía ser un partido homenaje como Dios manda, perdió bastante su esencia cuando vi jugar entre ellos a un niño de catorce años y algunos de ellos, amigablemente, me invitaron a jugar. Las molestias derivadas del sobresfuerzo de la tarde anterior me impedían levantar la pierna y rehusé la invitación. Si en un partido de veteranos, juega un niño de catorce años, me gustaría pensar que el homenaje no es a un niño de preescolar.

Lo que aportaba un poco de familiaridad y gracia a la situación eran los comentarios de los jugadores más carismáticos cuando marcaban un gol o eran sustituidos. Particularmente, fue lo que más agredecí porque representaba el fútbol en su expresión más natural lejos de tanques de cervezas censurados por la tiranía.

No diré aquello del silbato final porque Mejuto González no asistió finalmente. El partido acabó con un 45-36 favorable a los locales, dicho sea de paso, cuando a la gente le dio la gana, cuando ya estaban agotados o cuando ya tenían ganas de una cervecita, teniendo en cuenta que, legalmente, sí se podían tomar después del partido. Las cosas del Código Penal...

Fue precisamente entonces cuando, al igual que muchos presentes, me dirigí al sitio donde servían las cervezas. Al llegar, oí una firme y autoritaria voz que gritaba cual espartano: ¡Aquí sólo beberán los que han pagado previamente! No le di importancia pero en ese momento visioné un cartel justo encima del susodicho personajillo que decía: Para contribuir a la realización del partido, se pide al menos 10 euros por persona. Es decir, si no has pagado, algo lógico porque parece ser que han mantenido en secreto la forma de contribución, olvídate. Lo de la cerveza es para el final del encuentro no es más que una simple excusa, porque somos así de guays.

Lo lamentable es que ese grito de guerra y aviso económico, por llamarlo de algún modo, lo desembuchó uno de los jugadores que más me gustaron jugando. Me entraron ganas de pegarle un balonazo en la cara a ese memo que tanto me gustó como jugador.

En esta misma línea, cuando acabé de leer el letrero con sus respectivas faltas de ortografía, me marché mientras los nubarrones que daban paso a un cielo cargado de hipocresía se iban esfumando con viveza.

Recapitulando, ésta es mi visión de cómo amañar la querida y añorada imagen de nuestro amigo Luis para atraer adhesiones entusiastas populares con el claro objeto de amasar una fortuna considerable. Si a esto le sumamos, la coyuntura económica actual tan desfavorable, todo parece mucho más evidente. Estoy convencido de que Luis, dondequiera que esté, habría hecho las cosas de una forma para que se hubiera respirado un ambiente mejor y todos pudiéramos podido disfrutar con el fútbol y los valores que emanaba.

No estoy diciendo con esto que las cervezas se despacharan de forma gratuita. Ni mucho menos. A lo que me refiero es que si hay que contribuir al homenaje, algo que me hubiera gustado por la memoria de mi amigo, se hubieran dado más facilidades de captación de aportaciones y que nadie se hubiera creido mas que nadie. Porque es ahí cuando empiezan a torcerse las cosas...

Me dio la impresión de que pagaron los dos o cuatro enteraos de turno y lo grandificaron para etiquetarse la impresión pública de que habían invertido una pasta gansa. Respecto al tema de las equipaciones, me parece muy bien que no sean del año de cuando jugaban los de la foto introductoria del post, pero la serigrafía erosionada por la lavadora decía a gritos que no la habían comprado precisamente ayer.

Ya que todos tenían que contribuir al homenaje, hubiera pedido al menos jugar en Old Trafford. Pero claro, las dificultades logísticas que nos deparan de Manchester están ahí. ¿No hubiera sido mejor, además del tema del horario, hacer las cosas con más caballerosidad y no caer bajo la poderosa influencia del dinero? Ahí lo dejo.

17 de junio de 2011

Oliver Bierhoff, el delantero de oro


Nos suena lejano el término gol de oro, queramos o no. El de David Trezéguet a Italia en la final de la Eurocopa de 2000 es uno de los más recordados. No obstante, cuatro años antes en la Eurocopa de Inglaterra, la final ante la República Checa también se solucionó con un gol de oro. ¿Quién fue el encargado esta vez? El recordado es el alemán Oliver Bierhoff.

Nacido en Karlsruhe, comenzó su carrera en el modesto KFC Uerdingen. y después pasó a clubes con más nombre en el plantel europeo como el Hamburgo y el Borussia Mönchengladbach. Su gran altura (1,91 m.) le convertía en un extraordinario rematador de cabeza y goleador. De hecho, en la final de la Eurocopa de 1996, previamente citada, le marcó aquel sonado gol a la República Checa en Wembley.

Su carrera parecía estar sumida en el aletargamiento cuando fichó por el Salzburg austríaco en 1990. Su siguiente destino sería Italia, concretamente, el Ascoli de la Serie B. Allí permaneció cinco temporadas hasta que en 1995 fichó por el Udinese, equipo recién ascendido con el que se proclamó máximo goleador del campeonato doméstico italiano y con el que marcó 20 goles. De este modo, es el único jugador extranjero que ha sido pichichi en la Seria A y B italianas.

 

Sus grandes actuaciones con el Udinese captaron la atención del Milan que contrató sus servicios en 1998 para formar una dupla letal en ataque con el ariete ucraniano Andrey Shevchenko. Así pues, su primera temporada en el conjunto lombardo se saldó con el título de campeón de la Seria A y la nada desdeñable cifra de 27 goles con la camiseta rossonera.

En 2001 pasó al Mónaco. Sin embargo, en el equipo del Principado no llegó a cuajar del todo y fue de nuevo traspasado al Calcio, esta vez, al Chievo Verona. Su retiro le esperaría en la siguiente temporada pero se marchó a lo grande: le endosó un hat-trick a la Juventus en su último partido oficial con el Chievo.

También jugó el Mundial de Francia de 1998 en el que le marcó un gol a la selección mexicana, siendo imprescindible en la remontada alemana en los octavos de final y participó en la Eurocopa de Bélgica y Holanda en 2000. Su broche final en la Mannschaft tuvo lugar en la final del Mundial de Corea y Japón 2002 en el que se quedó a las puertas del triunfo tras perder con Brasil la final por 2-0.


Como datos curiosos, su padre fue portero en la década de los 50 y, además, su abuelo fue presidente del distrito de Düren. Existen rumores de que la mujer del seleccionador alemán en la Eurocopa de 1996, Verti Vogts le convenció para que se llevara a Bierhoff para dicho torneo. Ya verás cómo te lo paga. Ya lo creo que atinó...

Fue organizador del Mundial de Alemania de 2006 y ayudante en la Mannschaft. Al derrotar a Argentina en cuartos de final, se montó una tángana en la que Bierhoff se prestó para interponer paz. No conformes con ello, los argentinos lo acusaron de meter cizaña. Posteriormente, el ex-jugador alemán declaró que el temperamento de los argetinos era muy fuerte...

Fuera del campo, estudia Ciencias Económicas en Estados Unidos, además de ser mánager de la selección alemana junto con Joachim Löw. Su imagen formal le ha servido para anunciar cosméticos y ser contratado por instituciones financieras del mundo del fútbol. En su palmarés constan únicamente la Serie A con el Milan en 1999 y, a nivel internacional, la Eurocopa de 1996 con Alemania. Sin duda, siempre será recordado en Alemania por haberle dado a los teutones su último gran trofeo continental.

 Junto con Löw, forma parte del equipo técnico de la selección alemana desde el Mundial de Alemania de 2006 en el que formó parte del comité organizador del mismo.

El Madrid sigue quejándose


Las heridas abiertas tras los cuatro clásicos aún no han cicatricado. Ni en el período estival hay un descanso en este mundillo del fútbol. Y es que el Real Madrid no se ha hecho esperar tras las declaraciones de Sandro Rosell en las que, básicamente, advierte (algunos sectores dirían amenaza) a la entidad blanca de romper las relaciones institucionales después de los incidentes extradeportivos en la temporada anterior, recién concluida.

Textualmente, el Real Madrid lamenta las desafortunadas declaraciones del presidente del Barcelona. Simplemente, Sandro Rosell se ha encargado de recordar a todos la campaña de desprestigio iniciada por el club blanco al Barça esta temporada. Lo realmente asombroso es que el Real Madrid, textualmente de nuevo, afirma en un comunicado oficial que son motivadas por la presión que sufre la junta directiva por parte de un determinado y cercano entorno mediático, que reclama una actitud de agresividad hacia nuestro club. Impresionante.

Diversos medios y particulares, entre ellos, cómo no, Tomás Roncero, no conciben el por qué del comunicado de Sandro Rosell. Es infame que, tras una temporada entera intentando hacer daño, uno se pregunte e incluso se ponga a discutir sobre si el presidente del Barcelona ha estado acertado o no. Dicho de otro modo, se ha intentado hacer daño a los jugadores, por extensión, al barcelonismo, y ahora se preguntan lo mismo que su carismático entrenador: ¿Por qué?

Recapitulando, recordemos la seguridad con que Florentino Pérez acusaba públicamente a los jugadores del Barcelona de dopaje a través de la coherente cadena Cope, obviamente, sin ningún tipo de pruebas. ¿Seguimos? En la rueda de prensa tras el partido de ida de Champions, José Mourinho ponía en entredicho la legitimidad de la Champions ganada por el Barça en 2009 en Roma.

En otras palabras, la filosofía del Madrid emprendida con el fin de hacer jaque mate al Barça fuera de los terrenos de juego, porque dentro del campo no podían, consistió en Miente miserablemente lo más que puedas para desvirtuar la incipiente grandeza del Barcelona. ¿Y este es el club señor? Yo no digo nada...

Con muy buen criterio, Rosell advirtió que el club no estaría dispuesto a soportar de nuevo acusaciones semejantes porque, en tal caso, las relaciones con el Real Madrid darían por finalizadas. Subrayó también que no deseaban eso. A propósito, ¿Qué nos deparará el Real Madrid 2011/2012 con el comandante Mou a la cabeza? Pronto lo sabremos...

16 de junio de 2011

Los jugadores más feos


Un estudio reciente demostró que la clave de la belleza reside en la simetría. Si eres como una circunferencia de simétrico, probablemente te parezcas al nuevo fichaje del valencia, el central francés procedente del Lille, Adil Rami. De nuevo en términos geométricos, hoy veremos casos diametralmente distintos al mencionado. 

Son aquellos jugadores, de sobra conocidos por todos, a los que la naturaleza les jugó una mala pasada. En general, son unos cracks con un balón en los pies pero en un certamen de belleza, las cosas serían muy pero que muy distintas. Aquí aparecen ordenados, a mi juicio, de menos a más feo. Sin más dilación, allá van:

 
 10. René Higuita: Este mítico guardameta colombiano pasará a la historia por la parada escorpión que le atajó a Redknapp en Wembley pero no precisamente por sus bellos atributos.

9. Mikael Silvestre: El defensa francés se desempeñó casi la totalidad de su carrera en el Manchester United  hasta que en 2008 recaló en el Arsenal. Con toda seguridad, sus asimétricas facciones orientales no fueron clave en su fichaje por los gunners. Paradójicamente, comparte apellido con uno de los hombres más atractivos de España, el actor Miguel Ángel Silvestre.

8. Marcelo Vieira: Es uno de los mejores del mundo en su puesto. Ha hecho una gran temporada con el Real Madrid, sin embargo, su esperpéntico, asimétricas facciones, un poco estilizado peinado a lo afro y su corrector dental no han contribuido a ello.

7. Santiago Acasiete: Fue fundamental en la victoria del Barça ante el Almería por 0-8 marcando un gol en propia puerta. El peruano realmente no puede estar agradecido a la naturaleza.

6. Michael Reiziger: La agigantada boca de este defensa holandés albergaría un universo paralelo. Lateral de gran velocidad y recorrido, no alcanzó el éxito completo en el Fútbol Club Barcelona. Sin duda, Reiziger no será recordado especialmente por su belleza...

 
5. Iván Campo: El ex jugador del Real Madrid parece tener la cabeza metida dentro de una cueva. Además de faltarle una paleta, era un jugador bastante carismático aunque no del todo atractivo.

4. Carlos Tévez: El actual delantero del Manchester City muestra una profunda quemadura en el cuello como resultado de la acción del agua hirviendo cuando era un niño. Sus piezas dentales tampoco yacen muy alinaeadas...

3. Oliver Kahn: El gran guardameta alemán, retirado en 2008, parecía que se comía dos niños para desayunar. Encontrarse con su rudimentario rostro en un callejón al anochecer debe ser una experiencia poco recomendable...

2. Ronaldinho: A Ronie lo recordaremos por su magia e impredecibilidad con un balón por delante, así como por sus curiosas paletas que causaron sensación en su etapa barcelonista.

 
1. Franck Ribéry: Sin duda, es el jugador menos agraciado que recordamos. Las cicatrices que tiene en su rostro son el triste recuerdo de un accidente de tráfico que sufrió a una edad muy temprana. Eso junto a la ausencia de una patilla y a sus desfigurados dientes le da un aspecto peculiar.