13 de julio de 2011

De Córdoba a Valencia

 

La historia de hoy tendrá lugar en Córdoba. Para abordarla nos trasladaremos, aunque parezca extraño, al otro lado del charco. La Córdoba a la que nos referimos está situada en Argentina y el destino de este artículo tendrá lugar allí. 

Bañada por el río Suquía, Córdoba es un importante centro económico basado fundamentalmente en la ganadería, además de educativo; cultural, con la Catedral de Córdoba como representante; y financiero. Dentro del mundo del fútbol, La Docta, como se la conoce comúnmente, es la cuna de la que han salido ilustres caras de la historia del fútbol argentino como Mario Alberto Kempes, Claudio El Piojo López y, en la actualidad, Pablo Piatti. Curiosamente, por el capricho de alguna variable, todos estos jugadores han acabado vistiendo la camiseta del Valencia.

Kempes es uno de los jugadores argentinos más importantes de su país y, por extensión, del panorama futbolístco mundial. De hecho, está incluido en la lista de los seis mejores jugadores de Argentina en el siglo XX. Fue pieza clave del éxito de la albiceleste en el Mundial de 1978, organizado por su selección y que ganaría en la final a Holanda en la que anotó dos goles del 3-1 total. En aquella edición de la Copa del Mundo, El Matador se erigió maximo goleador del torneo internacional y compartió protagonismo con otros ilustres como Daniel Bertoni y Leopoldo Luque.


Por aquel entonces ya militaba en el Valencia. Tras el Mundial anterior, el de Alemania 1974, su gran actuación le llevó a firmar con el equipo ché por treinta millones de las antiguas pesetas. Su increíble capacidad goleadora quedó avalada tras conseguir consecutivamente el trofeo Pichichi en 1977 y 1978.

La consecución de la Copa del Rey de 1979 no se podría haber explicado sin los goles anotados por Kempes. El Valencia le ganó al Real Madrid, vigente campeón de la competición, por 2-0, ambos goles suyos, en el estadio Vicente Calderón. El rival a batir fue el Fútbol Club Barcelona que había vapuleado al conjunto valencianista en el Camp Nou por 4-1. En una apasionante vuelta en el Luis Casanova, el Valencia le infringió una insultante derrota por 4-0.

Otro notable éxito de Mario Alberto Kempes con el Valencia fue la obtención de la Recopa de Europa ante el Arsenal en 1980. En la tanda de penaltis ante los gunners en la final, erró el suyo pero, no obstante, fue el máximo realizador del torneo con nada menos que nueve goles. Además, eliminó nuevamente al Barcelona, campeón de la temporada anterior. Aque año, histórico para el valencianismo, también ganó la Supercopa de Europa ante el Nottingham Forest, campeón de Europa.

 

Considerado uno de los mejores jugadores de la historia del Valencia y de la selección argentina, Kempes destacaba por su continuo coraje y sacrificio, su facilidad para el gol y su endiablada pierna zurda que tantas tardes de gloria otorgó a quienes lo vieron.

También lugareño de la ciudad de Córdoba es Claudio López. El Piojo destacó en Racing de Avellaneda desde 1992 hasta 1996, año en el que fichó por el Valencia donde permanecería hasta el año 2000. Sin embargo, sus comienzos en el conjunto ché no fueron fáciles. Tuvo que lidiar con la presencia de los delanteros Romario y Ortega. Los continuos problemas de ambos con el técnico Ranieri le brindaron una oportunidad inigualable de titularidad al Piojo que, con sus goles, causó sensación en la hinchada valencianista.

Su debut goleador en Primera se produjo en octubre de 1996 ante el Atlético de Madrid en Mestalla. Allí, el Piojo le enchufó a Molina un lejano disparo desde algo más de 50 metros. Ese sería el primero de muchos goles de los 74 oficiales que yacen en las videotecas del Valencia. De hecho, se quedó a cinco tantos de ser Pichichi en la temporada 1998/1999.

 

Fue precisamente en 1999 cuando el equipo ché liderado por El Piojo derrotaba al Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey y se proclamaba campeón de la Supercopa de España ese mismo año al derrotar al Barcelona, campeón de Liga. En 2000 el Barcelona, equipo al que le endosó 12 goles en 15 partidos en la etapa de Louis Van Gaal, volvió a interponerse en el camino de un talentoso jugador argentino con ganas de triunfar en el Valencia. Como le ocurriera a Kempes en su día, en semifinales de la Champions de la temporada 1999/2000, el Valencia eliminó al Barça y se proclamó finalista. Al frente, le esperaba el Real Madrid.

Practicando un fútbol muy vivo, alegre, directo y con muchos tintes de calidad, el Valencia cayó aplastado contundentemente ante el Real Madrid en la final de la Champions de París en 2000. De este modo, el cuadro ché sintió en su propia piel la poca experiencia del equipo en partidos de tanta resposabilidad. No obstante, el equipo practicaba además un fútbol muy efectivo y estaba formado por grandes jugadores como Santiago Cañizares, Jocelyn Angloma, Amedeo Carboni, Kily González, Francisco Javier Farinós, Gaizka Mendieta o Adrian Ilie.

En 2000 fue transferido al SS Lazio italiano. Así el jugador argentino cumplió su sueño de jugar en la Liga Italiana para recalar posteriormente en la liga mexicana.

   

Seguramente, a los más jóvenes del lugar el nombre de Kempes les sonará lejano y leído hace tiempo en alguna enciclopedia o reportaje. Con toda probabilidad, el de Claudio López, El Piojo para los amigos, quizá resuene más cercano en el tiempo. De todas formas, otro jugador argentino natural de Córdoba seguro que suena mucho más a los menos veteranos del fútbol. Me refiero, cómo no, a Pablo Piatti.

Su relación con el Valencia comenzó el pasado 5 de julio y muchos en la ciudad del Turia lo situán como el sucesor de sus dos anteriores compatriotas. Pretensiones aparte, el joven jugador argentino ha demostrado su categoría en el Almería, club en el que llegó en 2008 por ocho millones de euros y se convirtió así en el jugador más caro de la historia del club andaluz.

 

11 de julio de 2011

¿Y tú dónde estabas?


Como empecé a escribir hace precisamente un año: Se trata de algo obligado. La ocasión no es para menos. Hoy se cumple un año del gran día, uno de esos días que permanecerá indeleble en nuestras memorias, el día del Iniestazo, el mayor día de gloria del fútbol español.

Cada dos veranos, las páginas de sufrimiento se perdían entre los titulares que abrían con la frase que nunca queríamos oir pero que era tan decepcionante como previsible: Jugamos como nunca, perdimos como siempre. Análogamente, cada cuatro años veíamos extraños en nuestras pantallas a alguna selección que escribía con letras de oro su historia en este noble deporte. Bleus algunas, verdeamarelhas las otras, incluso una azurra. Parecía que alguna deidad maligna no quería que un día fuese roja.

Pero no nos engañemos. La realidad era rontundamente otra. La, por aquel entonces, infranqueable y maldita ronda de cuartos, superada con éxito ante Italia dos años antes en Viena, elevaba enérgicamente el nivel de moral del pueblo español. Aquella plateada ánfora conseguida de forma brillante en el Práter no sólo limpiaba el polvo de las vetustas vitrinas de la federación. En absoluto. Aquella Eurocopa silenciaba las palabras de la historia para gritar el comienzo de una etapa nueva. España había cambiado.

Todo ello tenía como máximos responsables a una prometedora generación de talentos, algunos de los cuales tendrían que esperar al Mundial para contribuir al éxito mundial como Piqué, Busquets, Navas o Pedro. Si había algo claro es que la selección española acudía a Sudáfrica con la clara vitola de favorita del torneo junto a Italia, campeona del mundo; Argentina, con el mejor jugador del mundo liderándola; Brasil, con el siempre atractivo jogo bonito de la canarinha y la todopoderosa Alemania, vieja rival de soleadas tardes de épica en Viena. Lo de Holanda, simplemente, era otra historia...

A decir verdad, los comienzos no fueron nada fáciles. El fallido debut ante Suiza sembraba las dudas entre la afición. Se trataba de un partido gris, poco vistoso, donde el juego táctico de los rojiblancos y los palos de la portería impidieron que España se llevase los tres puntos. No obstante, el trabajo realizado por la Roja culminó con éxito la fase de grupos con sendas victorias ante Honduras y Chile.

Para el cruce de octavos, la Roja esquivó a la pentacampeona Brasil pero eso no le impidió medirse a la Portugal de Cristiano Ronaldo que, entre escupitajos de por medio, cayó derrotada ante España con David Villa y Fernando Llorente como maestros de ceremonias. De nuevo, los cuartos de final acechaban desde el horizonte. Esta vez, Italia no haría más que verlos desde casa tras su decepcionante papel. Al frente, una férrea y rocosa selección paraguaya fueron estigos entre escurridizos penaltis de la carambola española perpetrada por David Villa. España era semifinalista del Mundial por segunda vez en su historia

El Chupinazo de San Fermín se vivió en Sudáfrica de un modo muy particular. El Tiburón Puyol nos metió de cabeza en la gran final con su salto hacia el infinito. La caballerosidad de los alemanes también fue un factor a tener en cuenta.

El día 11 de julio de 2010 era el día más soñado por el fútbol español. En realidad, daba igual de qué equipo fuera cada uno. Tanto como si eras del Leganés, del Betis o del Madrid, la verdad es que poco importaba. Se trataba de ese partido con el que siempre hemos soñado, un partido anhelado por generaciones y generaciones que han visto una retahila de fracasos cada dos veranos. Era, por así decirlo, el partido de nuestras vidas.

Ese día, España amaneció más roja que nunca. Las consignas nacionales abarrotaban balcones, fachadas e incluso coches. Un narcótico ambiente de tranquilidad y confianza en el equipo inundaba las calles y los rostros de los aficionados. Los niños jugaban en las calles con las naranjas maduras que caían temerosas desde los árboles y en la tele no se hablaba de otra cosa. La coyuntura económica desfavorable que impera en el país pasó a un segundo plano así como los graves problemas que asolan la sociedad. Por primera vez en mucho tiempo, todos éramos felices. Sinceramente, me enorgullece sentir de forma tan profunda un deporte que consiga estas cosas.

Y así comenzó el partido de nuestras vidas. No me extenderé en el plano táctico pero básicamente Holanda salió desde el principio presionando mucho para no perder el balón en zonas comprometidas. Ése sólo fue el principio de un partido liderado por patadas y juego al límite, en ocasiones sucio, de los neerlandeses. Curiosamente, sus quejas al colegiado inglés Webb se fueron sucediendo como las patadas a Xabi Alonso, Busquets o Iniesta entre un largo etcétera.

Sí hubieron dos jugadas que decidieron el partido. La parada in extremis de Casillas a Robben con la puntera del pie en la que estaba el corazón de todos los españoles. El rostro del holandés simbolizaba lo que se siente al perder la Copa Mundial de la FIFA. No obstante, no fue esa la jugada del partido. El Dios del fútbol nos la tenía reservada para el minuto 116, cuatro antes de una hipotética y dramática tanda de penaltis. Era la jugada esperada por tantísimas generaciones durante ochenta años que desencadenaba una sensación etérea...

Torres la cuelga. El rechace le favorece a Rafael Van Der Vaart que se la entrega a Cesc. Éste para Iniesta que la controla, se perfila y... 

En ese momento, a modo de flasbacks, vi a Cardeñosa fallar ante Brasil con el portero vencido, Arconada hundido en París tras el pejiguero gol de Platini, Luis Enrique llorar ante la impotencia mientras su nariz emanaba sangre y Julio Salinas tropezarse ante Pagliuca. También vinieron a mi mente las imágenes de Hierro y Nadal errar ante Seaman en Wembley, Oliseh amargar la existencia a Zubizarreta en Francia '98, Raúl enviar a las nubes la esperanzas españolas ante Barthez, un egipcio robarnos lo legítimo en Corea, Nuno Gomes fusilar a Casillas y Zidane jubilándonos en Alemania 2006.

A partir de ese momento, tras el gol de Iniesta, pocos sabían lo que acababa de ocurrir. España se convertía, como dije aquí mismo hace exactamente un año, en mayor de edad. Era 2010, el año en que fuimos campeones del mundo. Comenzaba la leyenda...

10 de julio de 2011

El once histórico del Arsenal


El Arsenal próximamente cumplirá 125 años de existencia. Con motivo de ello, el equipo londinense lanzó una plataforma en su página web para que los aficionados eligieran un once ideal compuesto por los jugadores más legendarios y emblemáticos de la historia de este longevo club inglés. La sorpresa ha sido la no inclusión de Cesc Fábregas, todavía en el equipo, dentro de tal prestigioso once.

En una formación de 4-4-2, el portero elegido es David Seaman que militó en el Arsenal trece temporadas, desde 1990 hasta 2003. Además, es el jugador con más partidos jugados en la historia de los gunners. En una defensa de cuatro zagueros, Lee Dixon, desde 1988 hasta 2002 en el club, ocuparía el puesto de lateral derecho. Su homónimo en el lateral izquierdo, otro mítico para la hinchada londinense, Nigel Winterburn.

Por otro lado, el centro de la defensa lo conformarían Sol Campebell, único jugador gunner que ha marcado un gol en una final de Champions, y, obviamente, Tony Adams. Lejos de sus problemas alcohólicos, el mítico ídolo del Arsenal hace su obligada presencia en un club cuya relación comenzó en 1980 cuando recaló en sus categorías inferiores, por no hablar de que era aficionado desde pequeño.


Patrick Vieira añade robustez, contundencia y visión de juego en el centro del campo. Es un referente en el fútbol actual y un perfil de jugador que tiene como posible sucesor a Abou Diaby. Al francés lo acompaña una leyenda viva del club como Liam Brady, jugador irlandés que jugó con la elástica gunner en la década de los 70.

En la banda izquierda, desarrollaría su potencial Robert Pirés. El galo fue parte del equipo que ganó Premier's en 2002 y 2004 y simboliza una etapa en el club en la que había numerosos jugadores franceses como Wiltord, Petit o el mencionado Vieira. En banda derecha, el sueco Freddie Ljunberg aportaría calidad, carisma y goles a la vez que mostraría una divertida raya roja en el pelo que causó sensación en los aficionados.

La delantera estaría formada por Dennis Bergkamp con características como su gran cambio de ritmo y goles como el que le marcó, por ejemplo, al Newcastle que yace en las retinas de miles de aficionados. A él le acompañaría, evidentemente, Thierry Henry, máximo artillero de la historia gunner.

Lo realmente curioso es la ausencia de Cesc Fábregas en este equipo. El motivo puede ser, posiblemente, la sequía de títulos que impera en el club en los últimos años en los que Cesc ha asumido la jerarquía de la escuadra. O puede ser que, tal vez, sea fruto del malestar de los hinchas del equipo ante su inminente traspaso al Barcelona.

8 de julio de 2011

Golazos: La bomba inteligente

 
La acción se remonta al Torneo de Francia de 1997 que tuvo lugar en el pais vecino de forma previa al Mundial de 1998. Aquel evento tuvo como objetivo comprobar las instalaciones para la Copa del Mundo que tendría lugar allí un año después. Sin lugar a dudas, el Tournoi de France, de carácter amistoso, pasará a la historia por el inefable gol de falta de Roberto Carlos.

El 3 de junio de 1997, las selecciones de Brasil y Francia inauguraban ese interesante torneo en el que también participarían Inglaterra e Italia. Fue en el estadio de Gerland, en Lyon y Roberto Carlos se dispuso a sacar un lejano lanzamiento de falta. Pocos adviertieron que esa jugada quedaría grabada en todas las videotecas y en las retinas de cuantos lo vieron in situ.

El balón bombeado por Roberto Carlos a una descomunal velocidad parecía ir hacia afuera pero en el último momento, el esférico describe una inverosímil parábola que se cuela en la meta defendida por Fabien Barthez. La acción desafió todas las leyes de la física y del sentido común. El estupor generalizado se hizo un hueco en Gerland después del impresionante gol anotado por Roberto Carlos.

Dicho gol, bautizado posteriormente como la bomba inteligente, ha sido estudiado por varios científicos franceses que han desarrollado una ecuación para explicar ese incongruente tanto. Básicamente, han llegado a la conclusión de que una esfera al girar toma un efecto parecido a la forma de una espiral. Las variables consideradas son la fuerza ejecutada por el brasileño a 35 metros que modificó las valores de la gravedad y el aire que actuaron en su favor.

No obstante, no fue esa la única ocasión en la que el lateral brasileño anotó un gol imposible. En 1996 ante el Tenerife en el estadio Heliodoro Rodríguez López firmó un tanto de bella factura, olímpico y con una fuerza descomunal.