4 de junio de 2016

Francia 2016: la Eurocopa de las ausencias


Para los amantes del fútbol, el verano de 2016 será una fecha ineludible en la agenda. La Eurocopa de Francia y la edición especial del centenario de la Copa América de Estados Unidos se darán cita de forma simultánea. Sin duda, serán dos grandes eventos que supondrán una delicia en el paladar de los aficionados más fieles. En el campeonato europeo, la selección española tendrá la oportunidad de revalidar el título conseguido cuatro años atrás en Kiev, conseguir su tercer entorchado consecutivo y el cuarto de su historia.

Francia 2016 será una Eurocopa que marcará un antes y un después en el formato del torneo. Por primera vez, 24 equipos estrenarán una inédita ronda de octavos de final en el camino hacia la final de París del próximo 10 de julio. Además de las estrictas medidas de seguridad que albergará el país vecino de cara al certamen, será la tercera vez que Francia celebra un Campeonato de Europa, como lo haría en 1960 y 1984. Muchas son las estrellas que lidiarán por levantar la preciada ánfora al cielo francés para entrar en la historia del fútbol. Sin embargo, también serán numerosos los jugadores que verán la Eurocopa a través de la televisión. He aquí los casos más importantes.

La selección anfitriona presume del equipo insultantemente joven convocado por Didier Deschamps que buscará reeditar las victorias de 1984 y 2000. A los Lloris, Mangala, Digne, Pogba, Matuidi, Giroud y Griezmann se une una larga lista de ausencias con las que se podría establecer un once de gran calidad. En defensa, las bajas más sonadas son las de Debuchy, Varane, Laporte y Tremoulinas. Varane, pese a proclamarse campeón de Europa a nivel de clubes con el Real Madrid, no ha firmado su mejor temporada. Por el flanco izquierdo, Benoit Tremoulinas, campeón de la Europa League con el Sevilla FC, tampoco viajará a Francia tras una grave lesión de menisco.

Alexandre Lacazette, extremo del Olympique de Lyon, también se perderá la Eurocopa, al igual que la estrella Franck Ribéry, por lesión. Las ausencias más destacadas, no obstante, se encuentran en la delantera del combinado galo. Karim Benzema fue apartada por decisión técnica de la selección tras el escándalo con Valbuena y Kevin Gameiro, revelación con el Sevilla, inexplicablemente tampoco disputará el campeonato. En su lugar, viajarán Giroud, Griezmann, Coman, Martial, Payet y Gignac, este último jugador del Tigres de la Liga Mexicana.

España, vigente campeona, presenta tantas dudas debido al relevo generacional que arrastra como bajas importantes. El adiós de Xavi Hernández marcará el camino del equipo nacional y, con toda probabilidad, el futuro de la selección en los años venideros. La oportunista lesión de Dani Carvajal, en la final de Champions ante el Atlético en Milán, dejará los galones del flanco derecho a Juanfran, Bellerín o Azpilicueta. En la medular, figuras importantes como Sergi Roberto, Isco y Saúl Ñíguez tampoco se enfundarán la camiseta de la Roja. Paralelamente, en la delantera del cuadro nacional, han sorprendido las no convocatorias de Diego Costa y Paco Alcácer, en las filas de Chelsea y Valencia, respectivamente, tras sendas temporadas muy irregulares de ambos conjuntos.

La flamante campeona del mundo, Alemania, cuenta con grandes jugadores que también se perderán la Eurocopa. Gundogan, recién firmado por el Manchester City de Pep Guardiola, Julian Draxler, Bastian Schweinsteiger y Marco Reus no acudirán a la cita de Francia. Por su parte, Italia no contará con Claudio Marchisio y Marco Verratti, por lesión. Las bajas de Andrea Pirlo y Mario Balotelli no sorprenden, sea el caso de la edad del primero o la indisciplina del segundo, aunque lo cierto es que reemplazar la marcha al mítico mediocentro de Milan y Juventus será una tarea tan titánica como utópica.

Bélgica, la que para muchos será la gran revelación de la Eurocopa, no contará con los servicios del inexpugnable defensa Vincent Kompany, que arrastra una lesión muscular que lo dejó fuera de las semifinales de Champions ante el Real Madrid. La selección inglesa también presenta vacíos importantes como Danny Drinkwalker, pieza fundamental para Claudio Ranieri en el sorprendente Leicester campeón de la Premier League que finalmente ha sido sustituido por Wilshere, tras haber jugado únicamente 144 minutos con el Arsenal. Alex Oxlade-Chamberlain también se perderá el campeonato después de la lesión de rodillas que sufrió en el partido de octavos de Champions ante el FC Barcelona.

Y por encima de todas, la gran ausente de la Eurocopa de Francia 2016 será Holanda. Tras haber quedado apeada en la fase previa, el combinado Oranje ha sido indudablemente ha sido una de las carencias más significativas de la fase preliminar, cuya última ausencia data de 1984, año que curiosamente también la Eurocopa se jugó en terreno galo. Los tulipanes se resarcirían con la inolvidable victoria en 1988 en Alemania Occidental con Van Basten, Rijkaard y Gullit. Aunque no podremos deleitarnos con estrellas de la talla de Arjen Robben y Memphis Depay, lo cierto es que la Euro 2016 puede suponer muchas cosas: el cambio de generación en España, la consagración de Alemania como gran potencia a nivel europeo, la fuerza de la juventud francesa, el cumplimiento de las expectativas de Bélgica e incluso el descubrimiento de nuevas promesas que tan sólo ayer no conocíamos.

13 de abril de 2016

José Miguel Caballero, el crack del Conil CF


El paradigma global del fútbol está cada día más situado en las altas esferas europeas y mundiales, donde los grandes equipos transitan las competiciones más laureadas mediante los servicios de los jugadores más prestigiosos del planeta. Sin embargo, la esencia del balompié no puede desprenderse del papel de los equipos más modestos que, al igual que el caso del Leicester City en la Premier League, muchas veces dan la campanada. Esos clubes que, militando en las categorías más humildes del fútbol nacional, condensan esa mágica idiosincrasia que dota al deporte rey de su mágica aura. Ése es precisamente el caso del Conil Club de Fútbol.

Apodados Atunes Amarillos por el color de la equipación y la acreditada fama del atún de esta famosa localidad gaditana, el Conil Club de Fútbol se fundó en 2004, heredero del histórico Conil que sería fundado en 1931. En sus primeras seis temporadas de existencia, el cuadro conileño militaría en las divisiones regionales del fútbol español, hasta que en 2010 diera el salto a la Tercera Divisón, lugar que ha ocupado ininterrumpidamente desde entonces. En su joven historia, muchos son los jugadores que han pasado por las final del Conil Club de Fútbol, aunque hoy hablaremos en concreto de la figura de José Miguel Caballero.

Nacido en Chiclana, al igual que Rafael van der Vaart, este jugador de 27 años ha pasado por las filas del Cádiz B en Segunda División B, tras haber recalado durante dos temporada en Alemania. Considerado una de las joyas del fútbol gaditano, Josemi, como es popularmente conocido en la Tacita de Plata, se ha postulado como un excelente mediocentro de contención, lo que le valió tener muchas posibilidades en el primer equipo que por entonces mititaba en Segunda División B. En sus dos temporadas en el Cádiz CF (2010/2011 y 2011/2012), José Miguel Caballero jugó 47 partidos y anotó nada menos que 3 goles, un registro goleador bastante favorable para un jugador puramente defensivo.

Pero la falta de minutos de juego de Caballero le haría buscar una salida en el extranjero, concretamente en Alemania. Recalaría en el TSV Grunbach para fichar posteriormente por el segundo equipo del mítico Karlsruher en la temporada 2013/2014. Después de dos temporadas en tierras teutonas, el jugador chiclanero fichó por otro equipo mítico de la Tercera División, el San Fernando, club donde permaneció hasta dar el salto y firmar por el Conil CF. Esta es la trayectoria de José Miguel Caballero, que nos enseña que a veces es conveniente disfrutar del fútbol en su estado más humilde, auténtico y desinteresado, lejos de los ruidos mediáticos que supone la élite construida a golpe de talonario.

24 de marzo de 2016

Hasta siempre, Johan. ¡Contigo empezó todo!


Hoy es un día triste para el mundo del fútbol. La noticia que todos los aficionados barcelonistas y del fútbol en general no querían oír ha llegado. Johan Cruyff, uno de los jugadores y entrenadores más legendarios del FC Barcelona nos ha dejado esta mañana al no poder superar las complicaciones surgidas a causa del cáncer de pulmón que le fue diagnosticado el pasado mes de octubre. Una enfermedad que evoca malos recuerdos en el corazón azulgrana y en todos a quienes ha golpeado con sus penosas consecuencias. Tenía 68 años.

Se va un mito. Uno de los pocos deportistas que cimentó su leyenda como jugador, con tres Balones de Oro en su haber (1971, 1973 y 1974) para luego rubricarla como entrenador, tras haber liderado al indeleble Dream Team, que cautivaría al orbe balompédico mundial en los años noventa. Un personaje que, con su particular carisma y carácter, nunca dejó indiferente a nadie. Sólo Cruyff sería capaz de lucir una camiseta diferente a la del resto de sus compañeros de la selección, por motivos de contrato. El Flaco colocó las bases para que la historia del FC Barcelona cambiase para siempre. Y bien que lo hizo. Su legado es incalculable. Lideraría al mejor equipo azulgrana de todos los tiempos, con permiso de sus pupilos Pep Guardiola y Luis Enrique, para conquistar la primera Copa de Europa del club en el mítico estadio de Wembley en 1992. Un título que le había dado la espalda a tantas generaciones que habían luchado por llevarlo a las vitrinas de Can Barça.

Elegido mejor futbolista europeo del siglo XX, hablar de Johan Cruyff es hacerlo de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, al nivel de Pelé, Maradona, Di Stéfano o Zidane. El Flaco cambiaría para siempre la idiosincrasia azulgrana. Su amor por el fútbol ofensivo, que aprendería bajo la batuta de Rinus Michels en la escuela holandesa, quedó patente en la filosofía que aleccionó en Barcelona. Cruyff no concebía el fútbol si no era por medio de la posesión del esférico, el gusto por el juego atractivo y la obsesión por el ataque como mejor modo para defender, desprendiéndose de la racanez y el catenaccio especulativo. Al fútbol siempre debe jugarse de manera atractiva. Debes jugar de manera ofensiva, debes ser un espectáculo, sentenciaría en uno de sus memorables aforismos.

Cuando aterrizó en la ciudad condal como entrenador en 1988, Cruyff organizó la política deportiva de La Masía como pilar fundamental de su nuevo proyecto. Y no se equivocó. Bajo su batuta, insignias célebres como Pep Guardiola, a la postre su sucesor, y otros mitos foráneos como Laudrup, Koeman y Stoichkov alcanzarían el rango de leyendas mundiales. Jugadores con los que su relación sobrepasaba los límites del terreno de juego. Sólo así se explica los cigarrillos que compartía con Romario o con el mismo búlgaro con quien, pese a acabar mal, no escatimaría palabras de cariño y admiración. Ese sería el nocivo humo, con el que tantas veces peleó pero que finalmente le ganó la batalla.

Autor de frases tan geniales como Todo el mundo sabe jugar al fútbol si le dejas cinco metros de espacio u otras, brillantes y escuetas a partes iguales como Salid y disfrutar, la figura de Johan Cruyff ha marcado a generaciones que tuvieron la fortuna de verlo jugar y volar como jugador en el Camp Nou para luego culminar su inigualable trayectoria deportiva en su etapa como entrenador. Con la selección holandesa, a pesar de perder la final del Mundial de Alemania 1974 ante la Mannschaft de Franz Beckenbauer y Gerd Müller, su legado sería tan titánico que la Naranja Mecánica sería más recordada que el combinado teutón campeón del mundo. De hecho, el Káiser comentaría entre risas años después. Cruyff era mejor que yo, pero yo gané el Mundial y él no.

Dicen que cuando muere alguien que admiramos, una pequeña parte de nosotros también se va. Algo así debe haberle ocurrido esta mañana a Pep Guardiola, del que fuera entrenador, maestro, mentor y amigo. Y la dramática coincidencia ha querido que haya sido de la misma enfermedad que su fiel e inseparable Tito Vilanova, casi dos años después, y la que puso a prueba la valentía y coraje del gran Éric Abidal. Compungidos, todos hemos asistido al adiós de una leyenda que se ha ido de forma silenciosa y lejos de todo ruido mediático. Un rey sin corona mundial que se resarció de la victoria que la historia le robó para iniciar la senda del triunfo con los 42 títulos que el Barcelona ha logrado desde la llegada de Cruyff, sin duda, uno de los peloteros favoritos de quién redacta estas líneas. Y es que, parafraseando al ya eterno maestro holandés: El fútbol es un juego de fallos, por tanto, siempre se puede mejorar.

Buen viaje y gracias por todo. Parece que al final contigo realmente empezó todo.

16 de febrero de 2016

El penalti de Messi o el Guernica del fútbol


Corría el 5 de diciembre de 1982 cuando Johan Cruyff sentó cátedra en el fútbol europeo con una jugada que quedaría grabada en todas las hemerotecas. El holandés, en su segunda etapa en el Ájax de Ámsterdam, protagonizaría una jugada que permanecería indeleble que competiría con el inenarrable gol de Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México 1986 o con el penalti de Panenka en la Eurocopa de Yugoslavia 1976. En un partido de la Eredivisie holandesa ante el modesto Helmond, el mítico jugador neerlandés, asociado con Jesper Olsen, volvería a hacer historia. Muchos jugadores han intentado reproducir ese inolvidable lanzamiento y algunos lo errarían como en el caso de Thierry Henry y Robert Pirés en 2005.

En fútbol, se hace evidente el aforismo de que el arte no tiene fecha de caducidad. Generaciones venideras seguirán hablando de esas jugadas míticas que han contribuido a endulzar el mágico aura que envuelve este maravilloso deporte. Y como si de un remake cinematográfico se tratara, el 14 de febrero de 2016, Leo Messi volvió a hacer historia. Confabulado con Neymar, el astro argentino haría su propia versión del mítico penalti de Johan Cruyff, aunque finalmente Luis Suárez, con una incesante galopada, fuera quien firmara ese inefable tanto.

Según la mecánica clásica de Newton, toda acción tiene su reacción igual pero opuesta. Este Barça, instaurado en la excelencia futbolística, con sus florituras y filigranas propias de un nivel de juego sencillamente sublime, está generando tantos admiradores como detractores, eufemismo de envidiosos. ¿Es Neymar un burlón por llevar a cabo una lambreta, mostrando una plasticidad y una potencia en la cadera y los tobillos al alcance de pocos mortales? ¿Ha ridiculizado Messi a un Celta agónico que esperaba el pitido final como si no hubiera mañana? Sólo plantear estas cuestiones es tan irrisorio como patético.

Es como si Zidane o Iniesta pidieran perdón tras llevar a cabo sus características ruletas o croquetas, respectivamente. O como si Garrincha fuese vil y despiadado por tener un abánico de regates legendarios. ¿También sería Higuita un provocador por su antológico escorpión contra Inglaterra en un amistoso de Wembley en 1995. ¿Y nada que objetar al exuberante tacón de Guti en Riazor que tantas portadas de Marca deparó? Chulear es limpiarse el escudo de campeón del mundo al ser expulsado en el Estadio Arcángel por agresión, pisar a un rival o no esperar cómo el rival recoge el título. Un penalti exquisito y exento de cualquier otro elemento que no sea supremacía deportiva. Solamente la idea de discutirlo resulta absurda, aunque sólo fuera para homenajear a Johan Cruyff, mientras se recupera satisfactoriamente de su enfermedad.

No hay provocación, ni humillación, ni nada remotamente parecido. Se trata de fútbol en estado puro y las tentativas de los medios de comunicación más rancios y corrosivos de demonizar el arte. Es un paralelismo con el histórico Guernica de Pablo Picasso, una obra que fue vetada en España y que sería trasladada al Museo del Arte Moderno de Nueva York. Si el fútbol no estuviera edulcorado por estas acciones impregnadas de belleza, arte y armonía, quedaría desprovisto de su ingrediente más especial. No caigamos en esa trampa.

Fuente: José Sámano (15/2/2016). Gracias Messi. Diario El País.