29 de abril de 2011

Lírica Pachanguera: Capítulo 14


Tras la tentativa del dia anterior en la que finalmente fuimos solamente seis personas, decidimos aplazar el partido de verdad para hoy, cambiando, de este modo, el horario típico del viernes por el del jueves. ¿El motivo? Lluviosas amenazas meteorológicas.

La foto de Alfonsito fue nuestro particular rincón de reunión. los escurridizos comentarios que aparecían en ella servian para arrojar algo de luz sobre el lugar, la hora y el número de personas asistentes. Este fue el problema que más nos costó solucionar. Puesto que en un principio sólo éramos nueve tios, tuve que recurrir a una opción de emergencia y avisé a mi colega Diego que aceptó gustosamente mi invitación.

Bajo un sol radiante, un calor ozónico y un notable mono de fútbol, empezamos a jugar. Para no perder la costumbre, Mateo no pudo venir por menesteres personales, además de Manolo, Antonio, Germán y Capi. El primero aún está pendiente de su paso por el quirófano. No sufrais. Por suerte, sólo se trata de un pequeño quiste en el muslo y Antonio precisa de unas plantillas que corrigan una menor anomalia en sus pies. A Germán, la jornada universitaria le dejó exhausto. Capi, en cambio, se iría al Parque de los Príncipes con los patos, sus inquietantes amigos...

Primeramente, sólo éramos nueve personas porque Javi tardó más. Por tanto, jugamos un cuatro para cuatro. Mi equipo estaba formado por Colmena, Fran Díaz, Diego y este mismo Javi. A Colmena, el terror de las nenas, lo escogí básicamente porque me entiendo muy bien con él en el campo. Aunque a veces le dan sus repentinas acometidas maradonianas, es un gran pasador y me compagino con él a la perfección. Fran Díaz es un férreo defensor y un potente marcador. Sale muy bien desde la cueva conduciendo el balón y, cuando no soy de su equipo, me cuesta mucho irme de él.

A Diego lo conozco desde hace muchos años, al igual que Luis pero no recuerdo como era entonces. Según he visto hoy, atesora una buena calidad, entiende que el fútbol es un deporte de equipo, asume que es uno más de la plantilla y es un buen compañero. Ve bien el juego. Un balón servido por él de taquito desencadenó un genial pase entre líneas hacia Fran Díaz que no fue gol porque Dios -perdón, Messi- no quiso. De Javi poco puedo decir porque no he jugado mucho con él. Me recuerda a Fernando Hierro por su parecido físico y jerarquía en el eje de la zaga.

El partido en líneas generales empezó poco vistoso. La posesión del cuero no caía del lado de ningún equipo. Los rebotes eran una constante en los primeros compases de encuentro. El juego en sí no era muy elaborado, el ritmo hacía aguas, nadie jugaba a nada, la calor post semanantera nos acompañaba y la continuidad del juego nos daba la espalda. Por lo demás, bien.

Pero el tiempo lo arregló todo. Sólo bastó que la pelota circulara para que entráramos en calor. Al principio, antes de que Javi llegase, le inferioridad numérica nos brindaba más metros por delante, por lo que la presión se reducía considerablemente y era más fácil jugar. Fran Díaz aportaba resistencia y oxígeno mientras que Diego fantaseaba con la pelota como si se tratase de un juguete recién estrenado. El partido fue cogiendo gracia y vidilla.

Por otra parte, nos encontrábamos ante un equipo técnicamente muy bueno. Rebollo combinaba con Luis que interpretaba el rol de Gerard Piqué. Cuenta con una buena conducción de balón para sacarlo entre líneas y cederlo a jugadores con más olfato goleador. Otro que lo hizo realmente bien fue el Bojan Krkic de Los Salesianos, Ricky Rubio para otros. Sin más seudónimos ni motes, me refiero obviamente a Jonatan. Colmena y yo contabilizamos hasta seis tios de los que el carismático Ben se llegó a ir. Una maravilla, de veras.

Rebollo protagonizó la anécdota divertida de la jornada o, dicho de otro modo, el control divertido de la jornada. Un balón bombeado hacia él a la altura de la barriga aproximadamente fue interceptado por el Pisha de una peculiar manera. Se agachó a dicha altura para controlarlo con el pecho. La imagen era para verla, que me lo digan a mí que me encontraba justo delante. Se marchó antes debido a compromisos sentimentales. A Romualdo, sinceramente, lo seguí poco. Tácticamente, fue un jugador importante para ellos porque estaba siempre ahí, bien respaldando las jugadas ofensivas o desbordando por la banda.

Jorge, el Barragán de Triana, hizo un gran partido. Anotó tres chicharros, en algunos de ellos ayudado por el palo o por la inmensa mala suerte que tuvimos nosotros, en contraposición, buena para ellos. Dicho sea de paso, el gol del palo me lo anotó a mí. Yo he tenido partidos mejores pero tampoco me puedo quejar. A modo de vendetta, le metí dos goles a Jorge, el primero de ellos tras un espectacular servicio del incombustible Colmena.

Fue una tarde en la que el buen fútbol llegó al final en recompensa al mal sabor de boca del día anterior en los que jugamos menos que Boulahrouz en el Sevilla. Hay que empezar a acostumbrarse a que el calor será un invitado extra y un desafío imponente.

Jueves, 28 de abril de 2011.

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