10 de febrero de 2021

El busto es mío


Ocurrió en 2007. En la actualidad, la deportividad reina en el fútbol pero entonces, la situación era bastante diferente. Eran tiempos en los que la rivalidad en los derbis sevillanos trascendía el terreno de juego. Tal fue así que, en el cruce de Copa del Rey en el Benito Villamarín, la crispación llegó a las gradas y al palco.

Situémonos. El Real Betis Balompié recibía al Sevilla FC en su propio feudo en los cuartos de final de la Copa del Rey. Emparejamiento, dicho sea de paso, que no se producía desde la temporada 1984/1985, del que salió clasificado el conjunto verdiblanco. La ida disputada en el Sánchez Pizjuán terminó con un empate sin goles y todo se resolvería en el estadio del Real Betis. Frederic Kanouté adelantó al Sevilla e, instantes después, un botellazo lanzado desde la grada impactó en el técnico sevillista Juande Ramos. El manchego fue trasladado al hospital y el encuentro se suspendió, jugándose los minutos restantes en el Coliseo Alfonso Pérez a puerta cerrada. No obstante, esta historia empezó días antes.

Todo se desató cuando, en las vísperas del encuentro, el Sevilla FC acordó recibir el 'Monumento a la afición', recuerdo otorgado a los equipos visitantes en el Villamarín con motivo del centenario verdiblanco. Pero la directiva del Sevilla se negó a fotografiarse en la sala de trofeos del Real Betis junto a un busto de Manuel Ruiz de Lopera. Esta negativa calentó el ambiente e incluso originó una avalancha de insultos de algunos aficionados del Betis a del Nido en el palco. También se dice que el presidente del Sevilla le profirió insultos a Javier Páez, sobrino de Lopera, textualmente: Tienes la misma cara de maricón que tu tío.

Así se fraguó la anécdota que contribuyó a enrarecer un ambiente ya de por sí enrarecido y que culminaría de forma surrealista. No tuvo lugar sobre el césped, sino en la tributa de autoridades, donde el máximo mandatario bético, el inefable Manuel Ruiz de Lopera, quiso compensar su ausencia de un modo muy particular. Ordenó colocar un busto de su propia efigie, tallado en bronce, delante del presidente del Sevilla, José María del Nido.

Manuel Ruiz de Lopera era el presidente del Betis, él me vetó la entrada al estadio pero yo decidí ir como iba a todos los partidos, porque no he fallado como presidente a ninguno. Y me colocaron en el asiento de detrás un busto, soldado con cables de acero al suelo del asiento donde estaba sentado, contó el propio del Nido a los medios de comunicación. Como era de esperar, el cachondeo no se hizo esperar. De hecho, un chiste recorrió Sevilla los días siguientes: ¿Qué le dijo don Manué a del Nido? El busto es mío.

31 de diciembre de 2020

Hasta nunca, 2020


Se termina un año atípico. En Mis peloteros favoritos, comenzamos 2020 con motivos de celebración. Y no era para menos, pues cumpliríamos diez años en los que, con relativa periodicidad, se llenaban estas líneas y artículos. Poco sabíamos entonces el destino que nos depararía este aciago año que, no por histórico, ha dejado un reguero de afectados por la pandemia del coronavirus. Algo, como no podía ser de otro modo, con consecuencias nefastas en el mundo del fútbol.

Allá por marzo, los primeros informes sobre el covid-19 ya eran desalentadores. Cuando vi al Atlético de Madrid eliminar al Liverpool de la Champions, jamás imaginé que pasaría mucho tiempo hasta volver a ver un partido de forma normal. De la noche a la mañana, los estadios de fútbol pasaron de llenar sus gradas a verse confinados en la más profunda oscuridad. Y pronto, también lo estaríamos todos nosotros. 

La suspensión del Campeonato Nacional de Liga, abrió un terreno inhóspito. Para entonces, también la Eurocopa, los Juegos Olímpicos y la Copa del Rey serían aplazadas hasta disfrutar de unas condiciones sanitarias más idóneas. Las dos primeras jornadas de parón sólo serían el preámbulo de una situación que se prolongaría hasta el mes de junio. A partir de entonces, el fútbol tal y como lo conocíamos —gradas repletas, cánticos y jolgorio alborozado— habían, simplemente, pasado a la historia.

Numerosos han sido los jugadores que dieron positivo en coronavirus, como Samuel Umtiti, Unai López y Luis Suárez, quienes se recuperaron satisfactoriamente. Lorenzo Sanz, histórico presidente del Real Madrid entre 1995 y 2000, nos dejaría en el mes de marzo. 

Así las cosas, las competiciones se reanudarían pasados tres meses de sequía futbolística, jugándose los partidos a puerta cerrada. El primer encuentro en disputarse fue el derbi sevillano en el Sánchez Pizjuán correspondiente a la jornada 28. El Real Madrid cantaría el alirón de esta particular temporada, mientras Sevilla FC y Bayern de Múnich recorrían Europa, ligeros de equipaje, hasta coronarse, respectivamente, campeones de la Europa League y Champions League. Lo harían lejos de su afición y ante el silencio de un estadio desangelado.

El año seguiría con el burofax de Leo Messi, anunciando que dejaría la disciplina del FC Barcelona. La entidad azulgrana, inmersa en la situación más delicada desde la era Gaspart, miraba por el retrovisor la dolorosa derrota en Champions ante el Bayern de Múnich, a la postre campeón. No obstante, la Pulga recularía posteriormente y anunció que permanecería una temporada más en el club de sus amores.

Y 2020 no terminó como empezó. Diego Armando Maradona nos dejaría el 25 de noviembre, a la edad de sesenta años. El Pelusa ponía fin a una vida de excesos que nublaron con creces su meteórica carrera deportiva. Ejemplo en el campo y no tanto fuera de él, con Maradona se iba el último gran mito de la historia del fútbol. Su agitada vida nocturna fue el reflejo de una manera de entender el fútbol muy alejada de los cánones actuales.

Sea este nuestro particular homenaje al jugador más grande que ha pisado un terreno de juego y a todas las personas afectadas por la pandemia. Desde Mis peloteros favoritos os deseamos un feliz 2021, mucha salud y entereza para afrontar un año en el que le meteremos un golazo por la escuadra al partido más importante de nuestra generación.

5 de diciembre de 2020

Cuando los equipos 'reales' perdieron la corona

Muchos os habréis fijado en la corona que lucen algunos equipos en la Liga Española. Clubes como Real Betis, Real Oviedo o Real Madrid, cuentan con el emblema monárquico posado sobre su estandarte. Y a poco que observéis, también habréis reparado en la palabra real precediéndole. El origen de dicha distinción se remonta al reinado de Alfonso XIII, entre 1886 y 1931, fecha en la que se fundaron la mayoría de los equipos españoles. 

La afición del monarca por el fútbol era muy conocida. De hecho, se dice que, después de la victoria de España a Inglaterra en el antiguo Metropolitano en 1929, el Rey le dedicó un corte de mangas a su esposa, Victoria Eugenia de Battengerg, de ascendencia británica. Fue en aquellos años cuando muchos equipos decidieron, con el aval de Alfonso XIII, otorgarle el título real e incluir la corona, a cambio de la Presidencia de Honor del club.

El primero en hacerlo fue el Real Club Deportivo de la Coruña que en 1908 solicitó a la Casa Real la denominación de real. Sociedad de Fútbol de Santander y Sociedad de San Sebastián harían lo propio en 1910 y Club Deportivo Español de Barcelona en 1912. Dos años después llegaría en turno de Vigo Sporting Club y Betis Football Club. No obstante, la proclamación de la Segunda República en 1931, prohibió la exaltación de símbolos monárquicos y los equipos reales se vieron obligados a retirar la corona de sus escudos y, con ello, el apelativo de real.

Fue así cómo un largo número de clubes tuvieron que adaptarse a la nueva realidad social y al escenario político del país. Especiales fueron los casos de Real Madrid y Real Sociedad. Los merengues adoptaron la franja morada diagonal en su escudo azul, en la actualidad— en honor a la República, mientras que los txuri-urdin cambiaron su denominación a Donostia Football Club. 

Tras el fin de la Guerra Civil y la instauración de la dictadura franquista, todos los clubes recuperaron los símbolos monárquicos, pero los equipos fueron obligados a españolizarse, prohibiendo las palabras extranjeras en los nombres. Así pues, el Athletic de Bilbao pasó a llamarse Atlético de Bilbao, Racing de Santander cambió a Real Santander, mientras que Sporting de Gijón fue rebautizado como Real Gijón. Sólo al Club Atlético Osasuna —palabra que significa salud— se le permitió llevar un nombre euskera. Todos los equipos volverían a lucir sus nombres originales con la llegada de la democracia en 1978.

31 de agosto de 2020

De la servilleta al burofax


Corría el 14 de diciembre de 2000 y en el Club de Tennis Pompeia de Barcelona, se gestó una de las mayores jugadas futbolísticas de todos los tiempos. Ocurrió lejos de un terreno de juego, pero su trascendencia sería igual de importante. Las negociaciones del FC Barcelona con la familia de Leo Messi, parecían estancadas. El secretario técnico, Carles Rexach, quiso dejar constancia del interés sobre el joven jugador argentino y se comprometió a ficharlo de un modo muy peculiar. Agarró una servilleta del comedor del Pompeia y rubricó en ella su intención de fichar a Messi

De forma improvisada y sin contar con el visto bueno de todos los miembros del club, aquel movimiento de Rexach sería clave para que Messi se decidiera por recalar en el Barça. Semanas después, tras contar con la aprobación de las partes, el futuro astro argentino firmó aquella legendaria servilleta que hoy se exhibe en el museu. Hoy, veinte años después, las cosas son bien distintas. Sin embargo, los protagonistas siguen siendo los mismos: Leo Messi, el FC Barcelona y un trozo de papel, en este caso, un burofax

La historia podría resumirse en: Crónica de una salida anunciada. Messi explotó. La nefasta gestión deportiva de la directiva de Josep María Bartomeu dibujó la mecha y la humillante eliminación en Champions ante el Bayern de Múnich, acabó de prenderla. Los fichajes de Semedo, Júnior, Dembelé y Griezmann no han dado el rendimiento esperado. La fuga de Neymar al PSG, acompañada de los vanos intentos de la directiva por impedirla y las frustradas tentativas por recuperarlo, cayeron en dique seco. Pero llegaban algunos títulos y se salvaba la temporada.

Mostrarle puente de plata al brasileño astilló una punta del tridente. La llegada de técnicos con poco temperamento como Valverde y ajenos a la idiosincrasia cruyffista como Setién, desdibujaron el rumbo del equipo. Los varapalos europeos ante Roma en 2018 y Liverpool en 2019, con remontadas incluidas y mientras el Real Madrid coleccionaba Champions, contribuyeron a rociar el incendio con queroseno. Y el colofón no se haría esperar tras el partido contra el Bayern, al retirarle el respaldo emocional a Messi despidiendo a Luis Suárez por teléfono. El cóctel resulta de todo menos suculento. 

Sin embargo, a fin de ser ecuánimes, las formas de Messi han rozado la deslealtad hasta sumergirse de lleno en ella. El argentino es hoy el mejor jugador del mundo gracias al Barça. La entidad azulgrana apostó por él cuando era pequeño, le costeó su tratamiento hormonal y se lo dio todo. Un jugador de la relevancia histórica de Leo no puede dejar tirado así al amor de su vida. No de este modo, mientras el Barcelona se encuentra inmerso en la mayor crisis deportiva e institucional desde el Motín del Hesperia en 1988. El epílogo de Messi con el Barça no merece este final: a través de un burofax, con la intención manifiesta de abandonar el equipo sin dejar un céntimo en sus arcas, firmando un 2-8, cabizbajo y lejos de la afición culé. Messi debería reconsiderar su decisión. Y es que los sentimientos están por encima de las directivas.

La batalla legal está servida. Mientras la Liga de Fútbol Profesional se posiciona al lado del FC Barcelona por vigencia del contrato, Messi apela a la rebeldía, sin acudir a los entrenamientos ni someterse a las pruebas PCR. Las posturas están muy alejadas: la junta de Bartomeu tratará de mantenerlo a toda costa y el argentino sólo aceptará una salida amistosa. Un culebrón veraniego al que se le adivina un spoiler muy agridulce.

Sin duda, Messi es el jugador más importante de la historia del FC Barcelona. También lo fueron en su día leyendas como Cruyff, Maradona, Guardiola y Ronaldinho. Todos ellos también salieron por la puerta de atrás, divorciados con la directiva, con sentimientos muy encontrados entre la afición, con los focos apagados y la losa de su nombre a cuestas. Y la vida siguió, el club continuó estando por encima tanto de los jugadores como de la directiva y llegaron otros éxitos. El fútbol, al igual que la vida, no es justo: un mal final puede arruinar una carrera brillante. Es obvio que la salida de Messi supondría una estocada anímica y deportiva, de esas que son difíciles de reparar. Algo solo a la altura del caso Figo, salvando las distancias. Un triste final para una historia que navegó contra viento y marea, superó temporales y naufragó a metros de la orilla. Los días que se avecinan van a ser de órdago.