17 de abril de 2014

Messi también es humano


La semana negra del barcelonismo ha tocado su punto álgido. Tras la dura eliminación en Champions League por parte del Atlético de Madrid y la derrota en Liga ante el Granada, toda esta hecatombe ha sido aderezada con la fulminante derrota contra el Real Madrid en la final de Copa del Rey. Así pues, tras este varapalo, todas las miradas han caído en hombros de Messi que se mostró apático y contemplativo durante prácticamente todo el transcurso de la final.

En estos momentos, la pregunta que se hace todo el barcelonismo es ¿Qué le pasa a Messi? El jugador argentino se mostró testimonial durante la final ante el Real Madrid, desactivado en el partido de Granada y desconectado contra el Atlético en Champions, donde el equipo realizó un juego muy anárquico. Dicho de otro modo, no ha tenido ni un resquicio de protagonismo, por efímero que fuera, en las tres finales que el Barcelona ha disputado en la última semana. Lejos de convertir esto en una diatriba contra el argentino, habría que saber a ciencia cierta los motivos que le han hecho a Messi actuar de ese modo. Vayamos por partes.

Esta ha sido una temporada dura para el Barcelona, a decir verdad, desde el comienzo de la misma. La recaída de Tito Vilanova tuvo que ser suplida con la improvisada llegada de Gerardo Martino, un entrenador neófito en el fútbol español y con cierta experiencia en Argentina. Aunque los números del Tata a principio de temporada han sido bastante positivos, la campaña ha dado prueba de que no es un entrenador de nivel para el Barcelona. Eso ha derivado en la autogestión llevada a cabo por los propios jugadores en el vestuario, donde las decisiones de los mismos jugadores han contado más que las del entrenador. Entonces, ¿la culpa de todo esto la tiene el Tata? Tampoco es así.

Todo ha sido una retahíla de consecuencias que han calado desde lo institucional hasta lo meramente deportivo. La incompetencia de Sandro Rosell quedó fuera de toda duda cuando salió a la luz el escándalo de Neymar donde, al parecer, la operación para la contratación del brasileño superó los 80 millones de euros, de los cuales la mitad llegó a parar al bolsillo del padre del crack brasileño y no fueron reconocidos por Hacienda. Tanto fue así que Sandro Rosell se vio obligado a dimitir y fue relevado en el cargo por Bartomeu. La ilegitimidad del nuevo presidente no ha sido bien vista por un sector del barcelonismo que exige la convocatoria a elecciones el próximo mes de junio.

A todo esto, sumémosle la lesión de Messi ante el Betis, la implicación del argentino por un presunto fraude a Hacienda, la supuesta involucración de su padre, Jorge, en una red de blanqueo de dinero procedente del tráfico de armas, la sentencia de la FIFA que prohíbe al club catalán fichar hasta 2015 y, por enésima vez, las maliciosas lenguas que acusan directamente al argentino de dopaje, algo que evidentemente no ha podido ser demostrado de forma fehaciente. En resumen, Messi también es humano. Toda la coyuntura externa ajena a él y el entorno del club le han afectado con creces y eso ha quedado patente en su compromiso en el juego.

Guardiola, gran conocedor del astro argentino, dijo en una ocasión: Messi es un jugador único e irrepetible. Tenemos que esperar que no se aburra y que el club le proporcione los jugadores apropiados para que siga sintiéndose cómodo, porque cuando está cómodo no falla nunca. Ahí puede estar la clave del malestar del argentino. Messi se siente desprotegido por la directiva, razón por la que, recordemos, el mismo Guardiola dejó la nave azulgrana en 2012. Por si esto fuera poco, los desafortunados comentarios del vicepresidente económico del club, Javier Faus, no acabaron de motivar al argentino: No veo ningún motivo para mejorarle el contrato a un señor al que ya se lo mejoramos hace seis meses. La respuesta de Messi fue ácida y mordaz: El señor Faus es una persona que no sabe nada de fútbol y que quiere manejar al Barça como si fuera una empresa. La desconexión con la directiva es total. Es imposible que un club funcione bien de tal modo.

A nivel deportivo, este es el Barça del declive, de la decandencia. El nivel de jugadores como Xavi, Fàbregas, Alexis, Iniesta o Piqué, que no disputó la final por lesión, ha descendido considerablemente en los últimos años. El paso del tiempo ha surtido un efecto letal en unos jugadores instaurados en la autocomplacencia y en la saturación de títulos. La lesión de Valdés, que no podrá jugar el último tramo de temporada, ha hecho sorprendernos con un Pinto muy aceptable. La defensa hace aguas y está muy desorganizada. Mascherano ha reconvertido su posición de mediocentro a central y Bartra se ha dejado la piel. La contratación de un defensa es urgente, algo que no tuvo en cuenta Sandro Rosell que no se excedió en estridencias para tirar la casa por la ventana y fichar a Neymar, cuando era necesario traer un zaguero de garantías.

La separación entre Martino y Pedro ha influido mucho en el juego del equipo. Pedro es un jugador fundamental para el estilo de juego del Barcelona. Suya es la labor de presionar asfixiantemente para atorar al rival y recuperar el balón. En la final de Copa, para no perder la costumbre, salió desde el banquillo, algo que repercutió en el juego del equipo. Fabregas de falso 9 no funciona. Aquí hay un fallo de concepto: no existe el falso 9, sino la posición Messi. El argentino puede actuar como delantero a las mil maravillas, pero Fàbregas no rinde en esa posición: resta profundidad al equipo y hace el juego poro vertical.

Así que, por favor, no caigamos en la trampa. Messi no se está reservando para el Mundial, ni se va a ir al Manchester City por 200 millones, ni es una medida de presión para que le aumenten su astronómico sueldo. Pep Guardiola dijo hace tiempo: Si Messi no juega bien es porque hay alguna cosa de su entorno que no funciona. En lugar de elucubrar y desprestigiar a un jugador que lo ha dado todo, habría que analizar si su entorno es favorable. Ha demostrado su profesionalidad demasiadas veces y el fútbol parece tener muy poca memoria. Johan Cruyff salió por la puerta de atrás en 1996 y Ronaldinho corrió la misma suerte en 2008 tras haber llevado al Barcelona a lo más alto. Parece evidente que la capacidad autodestructiva del Barça es mortífera. La historia nos avala. Aprendamos de ella para no cometer los mismos errores.

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