28 de noviembre de 2011

¿Por qué nos gusta tanto el fútbol?


Para compensar mi dilatada ausencia por estos lares, hoy haré mención a una conversación que mantuve con un amigo en la que que, básicamente, tratamos de dar una respuesta satisfactoria y esclarecedora a este jugoso titular. Dicha conversación se remonta a los pasados meses de verano en un pub chill-out con dos exquisitas y espumosas rubias, como silenciosos testigos, colmando sus respectivas jarras. Debo confesar, antes de que os embarqueis en este artículo, que no se trata de fútbol como al que estáis acostumbrados. Más bien es un estudio sociológico y/o evolutivo de lo que viene a ser el fútbol.

Hay que decir, también, que mi amigo no es un gran aficionado a la materia futbolera y, precisamente por ello, la dirección de nuestra interacción navegaba por conceptos diametralmente opuestos. Entre trago y trago de nuestra bebida color ámbar, surgió la pregunta: Oye tío, ¿Nunca te has parado a pensar por qué a los hombres, en general, nos gusta tanto el fútbol y a las mujeres no? 

Para abordar esta cuestión, hay que aclarar, de entrada, que nos estamos moviendo en líneas generales. Es decir, a todos los hombres no les gusta el fútbol como, de hecho, a mi amigo y, por el contrario, existen muchas mujeres aficionadas al deporte rey e incluso conozco a algunas que juegan en algún equipo. Puede parecer algo muy obvio pero he querido señalarlo. Después de sopesarlo durante un largo rato y de acompañar nuestros argumentos con varias cervezas, llegamos a esta conclusión que explico a continuación.


La explicación teórica la tenemos gracias al concepto de selección natural. Tranquilos, aunque la vocación me llame, no me pondré extremadamente científico pero sí sólo un poco. ¿Qué es realmente el fútbol? Este maravilloso deporte representa la lucha por un objetivo. De hecho, la palabra gol proviene del inglés, goal, que significa objetivo. Es la esencia de un grupo humano que, fielmente compenetrado, actúa con relación a un propósito, superando los obstáculos y esforzándose hacia donde sus límites les permitan para conseguirlo en equipo.

Y vosotros os preguntaréis, ¿A qué viene esto? Sencillamente, tenemos que retroceder en el tiempo a la época en la que la especie humana vivía en cavernas y comenzaba a cristalizarse como algo parecido a lo que tenemos hoy en día. Una vez allí, el ejemplo más cercano a lo que significa la competición lo tendremos en las tribus de hombres que se encargaban de defender la suya propia de los grupos cercanos hostiles, luchar contra osos salvajes y despellejar cocodrilos.

Por otra parte, ésa no era la función de las mujeres. Ellas, cautas y precavidas, prefirieron quedarse a vigilar la caverna, cuidar de sus hijos y salir de vez en cuando a recolectar las bayas silvestres. La explicación a esto también es sencilla: ellas, por lo general, cuentan con una constitución física más escuálida que la nuestra y son seres mucho más avanzados socialmente que los hombres. Las mujeres se quedaron en la cueva, estrechando lazos con las tribus amigas y atendiendo otras ocupaciones nada relacionadas con la lucha. Hablando en términos científicos, la siempre sabia selección natural heredó estos aspectos y estos rasgos se mantienen en la actualidad.

 

Obviamente, en los tiempos que corren en el Estado de Bienestar y en un modelo social occidental no hace falta salir a luchar contra tigres dientes de sable, básicamente, porque se extinguieron. El meollo del asunto es que nuestros genes conservan esta información. Dicho de otro modo, el fútbol es el homólogo ancestral de las luchas encarnizadas contra osos hambrientos de diez toneladas. Y ese sospechoso gusto por la competición se ha perpetuado en el caso del hombre.

En resumidas cuentas, el fútbol representa la competición y la lucha de un grupo por conseguir un objetivo por medio del esfuerzo. Hace cientos de miles de años, el sustituto de esta competición era la lucha contra tribus vecinas que luchaban por la hegemonía de una zona concreta y defenderse de aquellos simpáticos gatitos de doscientos kilos. Es evidente que esta competición prehistórica difería del fútbol actual, básicamente, en que la integridad física de sus participantes y su vida estaban sobre la mesa.

Para el hombre, el fútbol evoca esa competición de tiempos inmemoriales y su lucha por conseguir el objetivo propuesto, mientras que las mujeres no se interesaron por la lucha sino por otras tareas totalmente ajenas a estas. Sin embargo, ¿Por qué ningún otro deporte como el baloncesto o el balonmano despierta, a tanto magma de público masculino, este sano y, a la vez, narcótico vicio? Ahí reside la magia del fútbol... 


Si realmente sentís el fútbol, teneis que escuchar este mítico tema. Fue lanzado para la Eurocopa de Inglaterra en 1996 y, aún hoy, es un clásico.

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