15 de abril de 2012

Catenaccio: el antifútbol


Hubo quien dijo que fútbol son goles. Son la esencia del juego, el objetivo de todo equipo. Obviamente, todos los equipos buscan la victoria. Lo que ocurre por norma general es que no todos las sendas para alcanzarla son idénticas. Los aficionados recuerdan gratamente a las escuadras con equipos gloriosos y que practican un juego vistoso y atractivo. En esta línea, circulan la Brasil de Pelé, la Naranja Mecánica o, en la actualidad, el Barça de Pep Guardiola.

En realidad, un fútbol prodigioso no se podría explicar sin la existencia de jugadores habilidosos en jugadas en corto y con un amplio repertorio técnico. El fútbol está configurado para rentabilizar un sistema de juego que propicie ocasiones de ataque. No hay otra. Como es de esperar, no todos los equipos sientan las bases de su ataque bajo el mismo entramado defensivo. De hecho, la forma de defender del Barcelona se basa en una abrumadora posesión, en general, alejada de las zonas comprometidas de la defensa. Otros equipos más conservadores difieren absolutamente de esta percepción de defensa. Como no podía ser de otro modo, hablamos del Catenaccio.

Es una expresión comúnmente vinculada a equívocos. Estas errores proceden, en general, de una falta de criterio evidente y a la tendencia en catalogar equipos como netamente defensivos u ofensivos. Por ejemplo. ¿Cómo va a jugar a la defensiva? Si tiene a Raúl y Víctor en bandas; Seedorf y Redondo en el doble pivote; y Mijatovic y Suker en punta? (Real Madrid, temporada 1995/1996). Para saber cómo es un equipo, hay que tatuarse esta frase que suele ser paradigma para conocer equipos, por muy absurda que nos parezca. Dime como atacas y te diré si eres defensivo; dime como defiendes y te diré si eres ofensivo.


Entonces, ¿Cómo distinguir a un equipo defensivo de otro que no lo es? En resumidas cuentas, el estilo de juego de un equipo difiere del esquema táctico establecido y del perfil de los jugadores presentes en él. En general, los entrenadores son muy dogmáticos y conciben su modelo a rajatabla. Difícilmente se adaptan a otros sistemas que no son de su agrado. Una excepción a la norma es Rafa Benítez que mostró su faceta ofensiva en Valencia para luego dirigir a un Liverpool bastante defensivo.

A grandes rasgos, un equipo difusor de Catenaccio raramente llevará la iniciativa. Para jugar a la defensiva, hay que entregarle la pelota al rival. Se trata de un fútbol reactivo en el que la actuación del equipo defensivo depende en gran medida del papel del contrincante. La posesión es algo pernicioso para ello. Muestra sus limitaciones técnicas y la poca capacidad para solventar un partido mediante este tipo de acciones. Si se observa desde una perspectiva cenital, veremos que el portero y los defensas se presentan como un bloque muy compacto que deja al punta muy desterrado en la línea ofensiva.

Estos equipos tan pragmáticos atacan con pocos hombres y de forma directa. Para salir de atrás, lo harán mediante un balón en largo y diagonal a la espalda de los centrales. De este modo, al salir sin conducción y en vertical, los defensas no acusarán el desgaste físico y podrán volver nuevamente a sus labores defensivas, sin perder la zona ni el marcaje. A veces la salida es aérea. Con esto se garantiza no perder el balón en zonas comprometidas. La prueba de ello será la no aparición de los defensas en los festejos del gol. Todos quedan en la retaguardia y no se puede perder la posición.


Para ganar hay que defender y defender; luego, el resto. Así se manifestaba Didier Deschamps, campeón del Mundial 1998 y de la Eurocopa 2000. Parece evidente que jugar en la Juventus y en la selección francesa genera hábitos incuestionables. Los jugadores elegidos para equipos amarrategui serán delanteros muy resolutivos que cacen y anoten las pocas ocasiones que dispongan. Además, el equipo defensivo deberá tener un defensa central adherente en el marcaje y contundente en su juego. Un mediocentro defensivo muy expeditivo y un recuperador de balones aparecerán en la mitad de la cancha. Los jugadores deberán ser fuertes físicamente, de gran envergadura y seguros en el juego aéreo.

Los orígenes de este sistema de juego se remontan muchas décadas atrás. Allá por los años 30, el sistema WM estaba presente en todos los equipos y así se mantuvieron las tornas durante aproximadamente tres décadas más. Su nombre deriva del dibujo que forman la disposición de los jugadores sobre una pizarra, a semejanza de estas dos letras. Se trata de un estilo de juego altamente ofensivo hasta cotas en las que la inseguridad defensiva llegaba a ser preocupante. Se fraguó el aforismo: La mejor defensa es un buen ataque.

No sería hasta los años cincuenta, cuando el paradigma futbolístico yacente en los entrenadores dio un giro inesperado. Ahora la cuestión de marcar muchos goles dejaría de cobrar relevancia. La clave estaría en saber evitarlos. Sentadas las bases ideológicas, con esta idea se gestaría lo que hoy día conocemos como Catenaccio. La importancia del trabajo defensivo, junto a la exorbitante capacidad ofensiva, fueron los principales ingredientes del sistema 4-2-4. El oasis de los equipos amarrategui lo constituyeron dos de los equipos más grandes de la historia: la selección de Hungría de los 50 y Brasil de 1958.


Todo en la vida posee un talón de Aquiles. Como en cualquier historia que se precie, tanta perfección empieza a ser sospechosa. El rigor táctico del 4-2-4 entendía como obligatorio el marcaje por zona. En una época en la que abundaban los extremos, éstos causaban tormentos en sus constantes acometidas por banda con balón dominado. Los especulativos defensas poco podían hacer salvo sucumbir ante un titánico torrente ofensivo. El sistema 4-2-4 comenzó a hacer aguas....

Nereo Rocco, padre del Catenaccio, ideó un revolucionario sistema defensivo en 1961, año en el que fue contratado por el Milan. En su época de jugador ya había pensado sobre dicho sistema pero lo pondría en práctica como técnico del conjunto lombardo. En realidad, Rocco heredó el Catenaccio de manos de la selección de Suiza de 1938. Su seleccionador, Karl Rappan, había jugado en el Rapid de Viena y fue internacional austriaco, antes de ser nombrado seleccionador de Suiza en 1937.

Tras eliminar a Portugal, Suiza cobró el billete para acudir al Mundial de 1938, celebrado en Francia. Rappan, verdadero impulsor histórico del Catenaccio, experimentó un modelo basado en un sólido trabajo defensivo. Riegel, en alemán, o Verrou, en francés, este modelo consistía en restar un atacante de la línea ofensiva e incorporarlo por detrás de los defensas centrales que ejerciera la labor de no perder de vista al delantero rival, a modo de defensa escoba. Suiza empató con Francia en París, al mismo tiempo que ese sistema sobrecogía a los aficionados y periodistas. En el partido de repetición, Rappan colocó a Minello de defensa escoba y Aeby como extremo izquierda. Rappan sería designado ciudadano suizo ad honorem.


Rocco conocía este sistema y lo patentó bajo el nombre de Catenaccio en su aventura como entrenador del Milán. Ideada para no sufrir contratiempos, consiste en la demarcación de los marcajes individuales hombre a hombre y en la existencia de un defensa escoba (líbero), libre de marca, que juega por detrás de la línea defensiva. Además, el uso generalizado del líbero proporcionaba al equipo una visión panorámica que indicaba a sus compañeros cómo dejar al delantero de posición de fuera de juego.

El Catenaccio está pensado para aquellos que creen que el fútbol requiere una seria y pragmática planificación ofensiva. Por el contrario, es resistida por los que piensan en buscar la portería incansablemente. No prescinde del apartado ofensivo pero este no podría explicarse sin un férreo planteamiento defensivo. Al sacar el balón jugado en el contraataque, debe contar con extremos y delanteros muy rápidos para plantarse en el área rival en superioridad numérica. Su traducción del italiano significa, literalmente, cerrojo.

En la vieja escuela transalpina, el Catenaccio empezó a causar estragos. Fue severamente criticado por dinamitar el espectáculo y elevar la previsibilidad del juego. Con el paso de los años, se ha convertido en un sinónimo de éxitos en el fútbol italiano. De hecho, Nereo Rocco conquistó con el Milan el Scudetto y la Copa de Europa en 1963. Dicho sea de paso, mediante las bases del Catenaccio, Italia ganaría la Eurocopa de 1968 y el Inter de Milán, dirigido por Helenio Herrera, ganaría dos Scudettos y dos Copas de Europa en 1964 y 1965. Italia alcanzaba la gloria mientras aburría al mundo con un fútbol extremadamente resultadista...


El vituperador Catenaccio perecería estrepitosamente, ante el estupor de los presentes, en la final del Mundial de México 1970 ante la gran selección de Brasil con Pelé y Garrincha. Pese a contar con un inquebrantable planteamiento defensivo, Brasil le endosaría una sonrojante y dolorosa goleada por cuatro goles a uno. Acabaron los años sesenta y, con ellos, el uso sistemático del Catenaccio. La época de los equipos amarrategui echaría el telón para que los equipos más vistosos cobrasen protagonismo. Décadas después, estos preceptos se convertirían en idiosincrasia del contraataque para entender el fútbol moderno. 

Años después, el paradigma de fútbol lo protagonizaría el Fútbol Total que, con Johan Cruyff y Rinus Michels a la cabeza, llevó a la Naranja Mecánica a las finales de los Mundiales de Alemania 1974 y Argentina 1978. Este equipo entendía como fundamental la recuperación del esférico y, para lograrla, ejercían una asfixiante presión por todo el campo, además de achicar espacios para dificultar la salida de balón del rival. Aparte de jugar con un balón, ése era el único denominador común existente entre dos estilos tan diametralmente opuestos.

El tan pragmático fútbol italiano ahí está. Los éxitos siempre han ido parejos a él. Italia ganó el Mundial de Alemania 2006, el Milan se hizo con la Liga de Campeones en 2007 y el Inter de Milán de José Mourinho, principal exponente de este tipo de fútbol conservador en la actualidad, se hizo con el triplete en 2010. No obstante, en los últimos años se ha ido evidenciando en la Serie A una apuesta por los delanteros en detrimento de los defensas. Parece que el fútbol está cambiando sigilosamente. Cobra sentido la frase los buenos delanteros ganan partidos y los buenos defensores ganan campeonatos.


Fuentes: Matías Rodríguez (6/5/2011). Catenaccio: El enemigo del fútbol. Blog Fobal 2000; Marcos López (18/9/2006) CATENACCIO. Blog Futbolitis; Bernardo Salazar (18/6/2010) El austriaco Rappan inventó el Catenaccio y lo aplicó con Suiza. Diario As.

2 comentarios:

  1. Jugar feo y jugar mal no son lo mismo. Saque si quiere ganar!

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  2. "Hay que separar la paja del trigo". El autor de esta interesante columna no tiene en cuenta dos selecciones que también representan la base de lo que es "el antifútbol". La muy exitosa selección italiana, doble campeona mundial en 1934-38 y la sorprendente selección alemana campeona del mundo en 1954. Fueron dos selecciones muy preparadas físicamente para la época, en el caso de la italiana, utilizaba un juego muy brusco incluso para ese momento donde el fútbol se jugaba muy fuerte y la alemana era un equipo que corría los 90 minutos, según los testigos fue tal vez el único campeón del mundo que "no jugó bien ningún partido..." se dice que en cuartos de finales contra Yugoslavia, esta merecía ganar por tres goles: terminó perdiendo 2 a 0. "¿Qué es jugar bien?" dice uno de los defensores sudamericanos del anti-fútbol como es el Mtro. Oscar Tabárez, técnico de la selección de mi país. El fútbol es esa "rara avis" donde no se necesita "jugar bien" para incluso salir campeón. Creo que la cuestión no se define por "jugar bien o mal"; se juega mal cuando tocás 8.423 veces la pelota y quedás eliminado en la primera fase, como España en el último mundial; no solo cuando no das tres pases seguidos (como la selección de Tabárez). La mejor definición es: SE JUEGA LINDO O FEO. Es demasiada soberbia decir que aquellos equipos como el Inter doble campeón mundial de 1964-65 o la selección Griega campeona de Europa en 2004 NO JUGABAN BIEN. Es como dicen en boxeo: "Muhammad Ali no pegaba fuerte..." no pegaba fuerte en comparación con Foreman, Frazier o Shaver, pero si no hubiera pegado fuerte, no hubiera salido 3 veces campeón del mundo y campeón olímpico con 18 años. "Lo único real en el fútbol es el gol..." dijo Fernando Morena, uno de los mas grandes goleadores de la historia del fútbol; y esto se aplica y explica todo lo que es el fútbol y "el anti-fútbol".

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